PERMACULTURA XVII LOS BOSQUES ALIMENTICIOS El Abonado de los Frutales

EL ABONADO DE LOS FRUTALES

 Partiendo de árboles ya maduros, los frutales son plantas plurianuales en las que debe haber un equilibrio entre el crecimiento vegetativo y la producción de fruta y ambos crecimientos suelen estar inversamente relacionados. Normalmente un crecimiento excesivo de la parte vegetativa nos da poca producción y de mala calidad y un crecimiento demasiado débil nos da un exceso de producción y aunque parezca extraño, también acaba dando mala calidad de fruta. Solo el crecimiento vegetativo equilibrado dará buena producción de frutos de buena calidad. Pero, ¿Cómo conseguir ese equilibrio y cuando debemos abonar?

Muchas veces abonamos sin necesidad y con una buena gestión del suelo y del riego nuestros frutales podrían tener producciones altas y de calidad durante muchos años. Sin embargo, hay una técnica ancestral que nos da mucha información y consiste en observar los brotes anuales del frutal, siendo el crecimiento vegetativo un indicador inequívoco de la salud de los árboles:

  1. Si los brotes del año crecen menos de 40 cm. indica que al frutal le pasa alguna cosa: le falta fertilización, riego o tiene problemas radiculares (compactaciones o enfermedades). Normalmente necesita ser abonado, directa o indirectamente.
  2. Si los brotes del año tienen más de 80 cm. indica que aunque el frutal está suficientemente abonado, debemos gestionar mejor el suelo potenciando las cubiertas vegetales y segando después de la floración para acumular celulosa y lignina que estructura el suelo y crea M.O. que no sea fácilmente mineralizable, ya que nuestros árboles no lo necesitan.
  3. Si los crecimientos han sido de entre 40 y 80 cm. son los indicadores correctos y el frutal está equilibrado (crecimiento vegetativo y producción). Deberemos mantener la fertilidad de esa tierra a través de una correcta gestión del suelo, del riego y con la regulación de cubiertas vegetales como ya hemos aprendido.

Otro aspecto muy importante es conocer la salud de nuestra tierra de labor que está determinada por “la vida” que es capaz de albergar. Cuanto más diversificada sea nuestra cubierta vegetal, más equilibrada estará nuestra tierra. Conocer el agua con la que regamos también es importante, ya que el contenido nutricional que lleva el agua de riego será parte de la fertilización “invisible” que estamos aportando.

¿Dónde, cuando y cómo abonar nuestros árboles frutales?

La aplicación de M.O. en forma de estiércoles fermentados de caballos, ovejas o cabras suelen ser los más aconsejados para evitar problemas en las raíces, así como la aplicación de compost realizado por nosotros con una variedad de productos en su composición. Pero debemos esparcirlos en la superficie del terreno, sin incorporarlo mecánicamente, evitando la proximidad al tronco y en la parte exterior de las raíces más ramificadas, donde finaliza la sombra del frutal. El momento es el Otoño.

En el tiempo y en el momento adecuado, se esparce el compost sobre la superficie en espera de un laboreo superficial con cultivador de rejas.

También podemos hacer un mínimo trabajo superficial (5 cm. de profundidad con aperos verticales) en determinados momentos si vemos que el crecimiento del frutal es débil. Esto provoca una oxigenación del horizonte orgánico del suelo y se obtiene una aceleración de la mineralización y, por tanto, un aporte de Nitrógeno mineral al frutal cuando más lo necesita. El momento es la Primavera que el árbol comienza su desarrollo vital.

 Pero, ¿qué ocurre si abusamos del Nitrógeno?                                                            Sabemos que es un elemento esencial para el desarrollo de nuestras plantas. También sabemos que las formas minerales del Nitrógeno son fácilmente lixiviadas (lavadas por lluvias y riegos) y al no encontrarse abonos minerales ecológicos ricos en este elemento, los agricultores tienden a utilizar en exceso los estiércoles que si se hace de forma continuada, provocará desequilibrios con el resto de los minerales de esa tierra. El exceso de Nitrógeno provoca no solo un exceso de vigor en la planta, si no que afecta a la movilidad del calcio en el árbol frutal. El calcio es un elemento básico para la calidad de la fruta, fortaleciendo las paredes celulares y la dureza de los frutos. Esos desequilibrios afectan también al Fósforo que inhiben a las micorrizas básicas en los frutales. Los excesos de Potasio afectan a la absorción y a la movilidad del calcio de la fruta.

 ¿Cómo podremos entonces dar el nitrógeno que necesita el frutal sin desequilibrar el suelo y la planta?  La Naturaleza, en tantos millones de años, ¿no ha previsto este problema?                                                                                                 La Naturaleza “juega” con el Nitrógeno y tiene un almacén en la tierra en forma de nitrógeno orgánico (el 5% de la M.O. es N. orgánico) que se va liberando (mineralizando, solubilizando) de forma paulatina gracias a la acción de los microorganismos del suelo. Este proceso necesita calor y humedad, lo mismo que necesitan las plantas para crecer: así la mineralización de la M.O. se produce en los momentos de crecimiento de nuestros árboles, que es el momento que necesitamos el Nitrógeno. En una tierra cultivada en ecológico esta mineralización puede representar entre 50 y 250 Kg. de Nitrógeno por año y hectárea, más que suficiente para el desarrollo de nuestros cultivos. Pero esta no es la única fuente de nitrógeno que nos brinda la Naturaleza:                                                                                                                                                                   No olvidemos la fijación simbiótica del Nitrógeno atmosférico que realizan las bacterias “Rhizobium” de las leguminosas, ni las bacterias aerobias de la celulosa y lignina, “Azotobacter y Azospirillum” y de otros microorganismos aerobios como el “Clostridium” que fijan el Nitrógeno atmosférico para beneficio de la vida vegetal. También las lluvias y tormentas aportan Nitrógeno al ecosistema, por lo que no tenemos necesidad de ningún aporte de dicho elemento si nuestro suelo está gestionado correctamente de una forma ecológica.

Bueno, en el próximo encuentro el “Control y Manejo de las Enfermedades del Frutal”

Hasta entonces, cordiales saludos de Carlos Vilalta

 

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