PERMACULTURA XVI LOS BOSQUES ALIMENTICIOS Arbustos y árboles frutales

!Hola a tod@s!

Hace tiempo que por motivos de trabajo y de salud no he podido seguir con el blog y ahora me dispongo a continuar asiduamente con estos temas tan interesantes que son la Agricultura Natural y la Permacultura.

Ruego me perdonéis y quiero comenzar esta temporada con algo muy en boga en este tiempo: los Bosques alimenticios de frutales. Gracias por vuestra atención.

LOS BOSQUES ALIMENTICIOS – ÁRBOLES FRUTALES

LOS ÁRBOLES, LOS ARBUSTOS  Y LA PRADERA SE BASTAN A SÍ MISMOS

NO LABOREO, NO ABONOS QUÍMICOS Y NO PESTICIDAS NI HERBICIDAS

Árboles, arbustos y herbazal crean el ecosistema equilibrado.

En una parcela cubierta de Pradera o Abonos verdes, comenzamos la plantación de nuestro huerto frutal trasplantando los plantones que hemos hecho crecer en nuestro semillero o comprándolos del exterior con la seguridad que han nacido de semillas y no procedan de estacas o injertos. Eso va a tener una importancia capital para el manejo p

Si comenzamos de un suelo desnudo, castigado por la erosión del laboreo o por los abonos químicos, es necesario que restablezcamos cuanto antes la fertilidad natural de todo el bancal o parcela para que la variedad de especies de frutales que vamos a plantar se beneficie de todo el ecosistema. Tenemos que crear un ecosistema integrado con árboles, arbustos (si queremos en la periferia de la parcela como seto rompe-vientos y hábitat de nuestros depredadores) y herbazal o Pradera natural compuesta de muchas especies y variedades. Lo ideal es una plantación de árboles frutales de hoja perenne, caducifolios y árboles de leguminosas como abono vegetal (acacias, algarrobos, mirtos, alisos e incluso arbustos de parras trepadoras) que junto con las praderas naturales fertilizarán suficientemente nuestro vergel. Evitemos el monocultivo de una sola especie o de variedades de la misma rama original (Cítricos: naranjos, limoneros, pomelos, mandarinos, Rosáceas: almendros, ciruelos, melocotoneros, albaricoqueros, cerezos, etc.). Tenemos que crear un huerto frutal diversificado para evitar plagas y enfermedades.

Comenzaremos, si el suelo está muy duro, con un laboreo superficial con rejas o cultivador, para no romper su estratificación, con una profundidad de no más de 5 ó 10 cm. Sembraremos una mezcla de abono verde consistente en al menos diez variedades de especies entre leguminosas, cereales y crucíferas o umbelíferas según vimos en nuestro Curso de Horticultura ecológica y cubriremos las semillas con paja o material de acolchado o con la propia tierra del lugar pasando un tablón de madera tirado por cuerdas laterales, en el sentido contrario de los surcos, evitando arremolinar las semillas dando una sola pasada. Todo ello lo haremos estando atentos a la previsión metereológica, labrando  unos días antes y sembrando justo antes de las primeras lluvias. Si tenéis paja o material de acolchado, podéis sembrar inmediatamente posterior a las lluvias, habiendo puesto en remojo las semillas un día o dos antes en agua y dejándolas escurrir en una criba unas horas antes de la siembra a voleo. Esto acelerará el proceso tan delicado de germinación y evitará muchos riegos posteriores, pues debemos de mantener el bancal permanentemente húmedo para evitar que las semillas paralicen su germinación y perdamos todo el trabajo. Por esto, en nuestra Comarca de la Marina Baixa, es necesario sembrar los abonos verdes en Otoño, con las primeras lluvias y todavía con suficiente temperatura para evitar la excesiva desecación del suelo, salvo que tengamos abundante agua y podamos regar por aspersión, por lo que podremos sembrar en Primavera.

Las especies de árboles frutales escogidos serán los más adaptados a nuestro ecosistema natural (todos los cítricos, caquis, peras y peritas de San Juán, manzanos ciruelos y albaricoques de variedad temprana, granados, nísperos, membrilleros, higueras, aguacates, cerezos, etc.), como veis un montón de especies y variedades que podemos cultivar sin problemas y que deben plantarse con espacio suficiente para su desarrollo, en hileras y al tresbolillo para aprovechar mejor el espacio de la plantación. De esta manera podremos realizar plantaciones en los espacios entre las hileras de cultivos extensivos y hortalizas de huerta y aprovechamos la sinergia que crea el ecosistema (silvicultura).

En las laderas de las colinas o suelos oblicuos, procederemos del mismo modo para la constitución de la Pradera natural y si tenemos ramas y troncos de la poda de árboles, los semi-enterraremos en hileras horizontales a lo largo de la ladera y plantaremos los frutales en la parte superior a un metro de distancia. Esto generará mucho humus con el tiempo y retendrá el agua de lluvia si no  utilizamos “zanjas de infiltración o recuperadores” para el riego generalizado de los frutales.

No deberíamos podar una vez formado el árbol. La poda ha sembrado más confusión entre los agricultores que cualquier otro aspecto de la Fruticultura. ¿Cuáles han sido los “motivos” para empezar a podar?  Nos han dicho que si no podamos anualmente las ramas y los vástagos del enramado primario se enredan y el follaje crece denso y enmarañado complicando toda manipulación y gobierno del huerto frutal. Como consecuencia, la luz solar penetra con dificultad y las pulverizaciones de los insecticidas resultan ineficaces. La ventilación es pobre, estimulando la infección de plagas y enfermedades. Las ramas secas son abundantes y la  fructificación se detiene. También la poda es esencial porque las ramas inferiores estorban cuando hay que arar, escardar y fertilizar.

Otro motivo es la relación recíproca entre el crecimiento y la producción del árbol: cuando el crecimiento es demasiado vigoroso, produce poca fruta y cuando produce mucha fruta, el árbol se retiene y crece poco. Así en los años que se pronostica  poca producción se practica la poda para promover la fructificación. Pero en los años en que los árboles crecen bien, también deben ser podados para incrementar su vigor y rendimiento. El agricultor ha de “ajustar” constantemente el crecimiento del árbol y la formación de la fruta y evitar que el árbol crezca desordenadamente en la forma de sus ramas y lograr que produzca una buena cosecha. Ciertamente esto parece “justificar” las intrincadas y complejas técnicas de la poda. Pero, una vez que las tijeras han sido aplicadas a un árbol y las ramas emergen con complicadas formas, el árbol ya no puede ser abandonado.

Sin embargo, cuando se deja crecer a un árbol por sí mismo, habiéndolo plantado de semilla o siembra directa de porta-injerto, su crecimiento es natural desde el principio y no conviene perturbar su crecimiento con poda alguna hasta que se desarrolle lo suficientemente para determinar su futura estructura . El árbol producirá fruta cada año y no es necesario apenas podar. Un cítrico, por ejemplo, sigue el mismo modelo de crecimiento que un cedro o un pino, esto es, un único tronco central creciendo recto con ramas extendiéndose al exterior alternativamente y raíces pivotantes en su interior.

Todas las ramas con desarrollo natural reciben por igual la luz solar sin estorbarse y darse sombra. Si cometemos el error de podar sus ramas (salvo las que se secan naturalmente), entraremos en la espiral de un trabajo innecesario para el agricultor.

Siembra directa del portainjerto

Las razones dadas usualmente para plantar retoños injertados en lugar de plantones de semillas, son las de conseguir que la planta rinda fruto más precozmente, asegurar el tamaño uniforme de la fruta, así como su calidad (más debilitada por la uniformidad generacional) y obtener frutas que maduren pronto. Sin embargo, cuando un árbol es injertado, el flujo de savia queda bloqueado en el punto de unión del injerto, resultando, en consecuencia, o bien un árbol pequeño que deberá ser intensamente fertilizado o bien un árbol con tiempo corto de vida y escasa resistencia a las temperaturas extremas.

Sin embargo, un árbol joven desarrollado a partir de semilla crece más rápidamente que a partir de injerto, aunque los retoños naturales no crecen tan rápidamente durante los primeros dos o tres años como los injertados. Es verdad que los frutos de estos árboles naturales crecen de diferentes tamaños y formas, a veces no aptas para el Mercado actual. Pero tiene interés en el Mercado interior de productos ecológicos ya que prima el sabor y la calidad y eso también tiene su precio en otro ámbito comercial.

Corrección de la forma de los árboles:  A veces es necesaria alguna “rectificación” en vástagos jóvenes trasplantados, para corregir la organización de sus ramas. Esto es necesario si se seca el extremo o si se ha recortado en demasía el sistema de raíces al ser trasplantado, ya que puede surgir un número más grande de “serpollos o retoños” de lo que sería natural, dando lugar, por ello, a que las ramas se entrelacen y enreden. En cambio, los árboles que muestran un crecimiento estabilizado, normal y correcto desde el principio, asumen una forma próxima a lo normal y por lo tanto, puede dejárseles solos, sin más cuidado. El despuntar del primer y segundo vástago es muy importante y determina la forma definitiva del árbol durante toda su existencia, siendo un factor importante en el éxito o fracaso de un huerto frutal. Sin embargo, es muy difícil, frecuentemente, decidir cuáles de los brotes se deben dejar y cuáles se deben despuntar cuando los árboles son muy jóvenes. Qué ramas habrán de ser la que formen el estrato o andamiaje primario y cuáles las que formen los estratos secundarios, por lo que podar precozmente podría resultar perjudicial cuando se hace imprudentemente, ya que ciertas ramas se han podido entrelazar debido  a condiciones imprevistas de crecimiento. Podemos asumir que un árbol crecido en estado natural adquirirá más fácilmente una forma también natural. Pero no es, abandonando al árbol, como éste alcanza su forma natural, si no solo cuando se le presta la suficiente atención y protección en sus primeros años de vida, hasta que arraiga debidamente y alcanza un desarrollo suficiente. Entonces, es cuando requerirán menor atención de nosotros y cosecharemos las buenas intervenciones realizadas en esos años.

A los cuatro o cinco años de la plantación es cuando comienzan a dar fruto y si el vergel se ha constituido en las laderas de una montaña, es buena idea de excavar la tierra con azadón en el lado de los árboles para crear pequeñas terrazas o pozas que recojan el agua y un sendero por la ladera del huerto. Así mismo, si todavía no lo hemos hecho, comunicaremos dichas pozas a través de zanjas de infiltración o recuperadores para que el agua de lluvia riegue eficazmente a sus pies, evitando que se moje el tronco y humedeciendo solo las raíces exteriores que coinciden con su ramaje más abierto. Este es el lugar de riego y abonado, si en algún momento se necesita para potenciar el desarrollo del árbol o de la fruta.

Riego de árboles en pendiente a través de zanjas de infiltración.

Bueno, amigos, en la próxima entrega hablaremos del posible abonado de nuestros frutales.

Un cordial saludo de Carlos Vilalta

 

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