PERMACULTURA XIII INICIANDO UNA GRANJA NATURAL. Masanobu Fukuoka

LOS CUATRO PRINCIPIOS DEL CULTIVO EXTENSIVO NATURAL

Masanobu Fukuoka, padre de la Permacultura

Los bosques o zonas silvestres que rodean una Granja natural deberían ser tratados como reservas naturales y utilizados como fuente directa o indirecta de fertilizante orgánico. La estrategia para conseguir a medio y largo plazo un cultivo totalmente exento de fertilizantes es la de crear un suelo fértil y profundo a través de la materia orgánica. (M.O.)

Ya hemos estudiado los métodos ecológicos para enriquecer al suelo de M.O. y crear su propia estructura en el Curso de Horticultura. Pero cualquiera que sea los medios empleados, el agricultor deberá asegurarse de un aporte cercano de humus que puede servir como “fuente inmediata” de la fertilidad del terreno. Cuando no haya bosques disponibles o zonas silvestres próximas, habrá que desarrollar y plantar a propósito una zona de reserva que cumplirá muchas funciones en el proyecto permacultural:

Crear suelos estructurados y esponjosos, crear un microclima que influya en la humedad ambiental, en la sombra y en los vientos de los cultivos, crear un cobijo para nuestros depredadores de las posibles plagas, retener la escorrentía de las lluvias torrenciales para llenar nuestros acuíferos subterráneos y enriquecer nuestros suelos de humus y M.O.  ¿quién da más por tan poco?                                                                                                                                        La creación de Zonas silvestres y/o Cortinas rompe-vientos son esenciales para el Cultivo Natural, un gran aliado, una necesidad perentoria para crear un ecosistema verdaderamente “natural”..

LOS CUATRO PRINCIPIOS DEL CULTIVO NATURAL

  1. NO LABOREO. Arar arruina el suelo. La tierra trabaja por sí misma.
  2. NO FERTILIZANTES. Las cosechas dependen de la salud del terreno. Los fertilizantes no son realmente necesarios. Echemos un vistazo a la Naturaleza.
  3. NO ESCARDAR. ¿qué es una mala hierba o adventicia? Una alfombra de hierba es beneficiosa. Solo escardar donde es necesario.
  4. NO PESTICIDAS. No existen plagas de insectos. La polución viene de nuestros pesticidas.

 1. EL NO LABOREO: Para mucha gente ser agricultor o granjero es sinónimo de “labrador”, de quien pasa su vida removiendo el suelo con arado o azadón. Si labrar el terreno fuera innecesario, entonces la imagen del agricultor cambiaría drásticamente. ¿por qué se piensa que la labranza es esencial y cuál es, realmente, el efecto que produce?                                                                                                                                                                              Arar, arruina el Suelo: sabiendo que las raíces de las plantas cultivadas penetran profundamente en la tierra buscando aire, agua y nutrientes, la gente piensa que poniendo grandes cantidades de estos nutrientes, las plantas crecerán a gran velocidad. Así, eliminan del terreno la pradera de adventicias y remueven el suelo asiduamente pensando que esto airea y esponja la tierra, aumenta la cantidad de nitrógeno disponible por estimulación de la nitrificación, e introduce en el suelo fertilizantes que puedan ser absorbidos por las plantas en cultivo.  En el caso de cultivos en agroquímica, esparcir fertilizantes sobre la superficie del suelo estéril  aumentará probablemente su eficacia. Pero en cultivo ecológico, con praderas naturales, abonos verdes o M.O., la perspectiva es diferente:                                                                                                                            Se supone que labrar mejora la estructura del suelo. Nunca tan lejos de la realidad. El labrador, cuando mueve el terreno lo amasa, fragmentándolo en pedazos cada vez más pequeños, los cuales adoptan una distribución física más regular, con espacios intersticiales más pequeños. El resultado final, después de un tiempo y de unas lluvias,  es un suelo más compacto y más duro. En estas circunstancias, la única manera eficaz de ablandar el terreno es trabajarlo en profundidad mediante arado. Pero esto es una medida de “corta duración”.

El laboreo incorrecto y profundo destruye la vida microbiana y el humus disponible. La fertilidad natural del suelo se resiente.

El laboreo incorrecto y profundo destruye la vida microbiana y el humus disponible. La fertilidad natural del suelo se resiente.

Decir que labrar el terreno es inútil, no es lo mismo que asegurar que no sea necesario ablandar el suelo y aumentar su porosidad en determinados casos y circunstancias. De hecho, cuán necesario e importante es la abundancia de aire y agua en el seno de la tierra. Es esencial para que se multipliquen los microorganismos que viven en Ella, para que el suelo se haga más fértil y para que las raíces puedan penetrar profundamente esponjando y mullendo la tierra. El labrar el suelo con arado y azadón, lo que realmente hace es interferir en esos procesos. Si el Hombre deja en paz al suelo, las fuerzas de la Naturaleza se encargarán de enriquecerlo y ablandarlo.                                                                                                                               La tierra trabaja por sí misma: las raíces penetran en el suelo más que el laboreo normal y a medida que van avanzando en profundidad, el aire y el agua las acompañan. Al marchitarse y morir estas raíces, proliferan los microorganismos que se alimentan de M.O. creando galerías subterráneas. La muerte de estos microorganismos son reemplazados por otros, aumentando así la cantidad de humus y ablandando el terreno con la creación de glomérulos o gránulos envueltos en hifas fúngicas que crean los hongos. Entonces aparecen las lombrices y sus depredadores, los topos, comenzando a socavar el terreno.                                                                                                                                     El terreno vive por su propia cuenta y se “auto-labra” él solo. No necesita ayuda de la mano del Hombre. Los agricultores hablan de domesticar el suelo, pero, ¿Cómo es que, en los bosques de montaña crecen los árboles, los arbustos y el herbazal sin el “beneficio” de azadones ni fertilizantes, mientras los cultivos producen cosechas insignificantes? En los bosques de los montes no existe nada especial que concierne a la composición química ni física del suelo superficial ni de los estratos inferiores del suelo.  Sin ayuda alguna por parte del hombre, la Naturaleza crea las condiciones del terreno necesarias y suficientes para soportar densas poblaciones de foresta y sotobosque.                                                                                                                                                                         ¿Qué podría ser más deseable para el agricultor que el poder “trabajar” la tierra sin empujar un arado ni empuñar un azadón? Dejemos que las praderas labren en superficie y que las raíces de los árboles y arbustos se ocupen de las capas inferiores del terreno. No es necesario arar para mejorar un suelo, porque la Naturaleza ha estado trabajando en él, con sus propios métodos, durante milenios.   Podemos elegir entre ver el suelo como “imperfecto” y empuñar el azadón, o confiar en él y dejar a la Naturaleza la empresa de trabajarlo.

2. NO FERTILIZANTES:  1. Significa no utilizar abonos químicos ni compost orgánico preparado. Las cosechas dependen del terreno y básicamente no tienen necesidad de cosas tales como fertilizantes y nutrientes. Fukuoka ha experimentado durante más de 35 años con árboles frutales y cultivos extensivos de cereales para determinar hasta qué punto pueden ser cultivados sin fertilizantes y, por supuesto, así es. Tampoco esto da las pobres cosechas que la gente puede suponer. Antes al contrario, se obtienen, en el peor de los casos mientras la tierra se estructura, rendimientos iguales o superiores a los que se alcanzan con intensa fertilización. La Naturaleza no está muerta. Vive y crece. Todo lo que el Hombre ha de hacer es dirigir este vasto potencial de fuerzas ocultas hacia el desarrollo de nuestros cultivos. Pero, en lugar de utilizar este enorme poder, las gentes eligen destruirlo. Escardando y arando la tierra año tras año destruyen la fertilidad del suelo, creando una deficiencia de oligoelementos o componentes “traza” que disminuyen la vitalidad del terreno, endurecen sus capas superficiales, aniquilan los microbios y convierten el rico material orgánico viviente que allí existe en materia mineral muerta, inanimada, de un color amarillento blancuzco, cuya única función se reduce a servir de soporte físico a la planta.                                                                                                       La relación entre los fertilizantes químicos y los microorganismos del suelo ha sido poco estudiada. Solo se ha recalcado la “eficacia” del fertilizante y sin embargo, poco se ha dicho de sus innumerables efectos nocivos: Los fertilizantes “aceleran el crecimiento” de los cultivos, pero es solo un efecto transitorio que no compensa la inevitable debilitación de las cosechas. Esto es similar a la rápida aceleración del crecimiento mediante hormonas.                                                                                                                               2. Las plantas, debilitadas por los fertilizantes, tienen menor resistencia frente a las enfermedades y plagas y son menos fuertes frente a las adversidades que se oponen a su crecimiento y desarrollo.                                                                                                                                   3. Los fertilizantes aplicados al terreno no son tan eficaces y efectivos como se creía: cerca del 30% del componente nitrogenado del Sulfato amónico es desnitrificado por microorganismos del suelo y escapa a la atmósfera. Los fertilizantes fosfáticos solo penetran unos 5 cm. en la superficie del terreno y así resulta que, aquellas montañas de fosfatos que los granjeros han esparcido a lo largo de los años, eran inútiles y acumulativos en el suelo, provocando acidificación del terreno y otras nefastas consecuencias.                                                                                                                           4. El daño causado directamente por los tres grandes fertilizantes, sulfato amónico, superfosfato y sulfato potásico, representa “ácido sulfúrico” concentrado que acidifica el terreno, causando grandes daños en él, tanto directa como indirectamente. Este fertilizante ácido suprime y mata a los microorganismos del suelo, desbaratando y dañando a la tierra en una forma que puede calificarse de “desastre para la Agricultura”.                                                                                                                             5. Un problema importante es la deficiencia de elementos “traza” u “oligoelementos”, pequeños elementos minerales que son necesitados en pocas cantidades pero que son imprescindibles para la salud del suelo y de los cultivos. El utilizar demasiada cantidad de un determinado fertilizante hace inefectivos a otros elementos de fertilidad. Y los problemas se van multiplicando, como interacciones recíprocas entre elementos, lixiviación de suelos, fijaciones y relaciones  microbianas, etc.                                                                                                                                       Con la adicción de fertilizantes químicos, la semilla de la calamidad ha sido sembrada. Cuando nos demos cuenta del peligro ya será demasiado tarde para remediarlo. Además, la compra de los fertilizantes y fitosanitarios suponen para el agricultor del 30 al 50% de los costos globales de un huerto o cultivo extensivo.                                                                                                                               No debemos olvidar, que si la Naturaleza se abandona a sí misma, la fertilidad aumentará. Los restos orgánicos de las adventicias y animales se acumularán y serán descompuestos en la superficie del suelo por bacterias y hongos.                                                                                                                                    El cultivo natural sin fertilizantes significa, esencialmente, que el cultivo se realiza en un suelo y en un medio-ambiente sometido totalmente a las Leyes Naturales. Pero aunque es posible cultivar sin fertilizantes, las cosechas no pueden crecer inmediatamente con éxito en campos que hayan sido regularmente arados, escardados y fertilizados durante algunos años. Antes, y como actividad preparatoria, deberemos utilizar Praderas naturales, Abonos verdes, paja y un poco de “gallinaza o estiércol de cabra u oveja” y obtendremos producciones elevadas sin tener que añadir en absoluto compost  o abonos comerciales.

 En la próxima edición seguiremos hablando de los 4 principios para una agricultura extensiva natural: de las adventicias o mal llamadas “malas hierbas” y de los pesticidas para el control de las plagas y de las enfermedades.

Hasta entonces, recibid un cordial saludo de

Carlos vilalta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s