PRINCIPIOS BÁSICOS DEL ECOSISTEMA NATURAL II

Volvemos de nuevo a incidir sobre aquellos principios básicos que debemos siempre observar si queremos conseguir realizar unos cultivos ecológicos y naturales. Habíamos hablado de 5 principios básicos, dos de los cuales serían de “mantener y acrecentar” la fertilidad del suelo y de mantener el suelo “protegido de la intemperie” para evitar su erosión. Ahora desvelamos los demás principios:

Las alcachofas se ponen en actividad comenzando a regar en pleno mes de Agosto, para recolectar en marzo / abril según venga el tiempo.

La humedad y la temperatura deben mantenerse estables, evitando valores extremos, utilizando coberturas del suelo.

3. Mantener la tierra húmeda el mayor tiempo posible, sin derroche de agua y sin estancamientos en épocas de tormenta.
Estando la tierra cubierta, es lógico que se mantenga la humedad por más tiempo que si estuviera al descubierto ya que el viento y el sol proceden a desecarla. La cobertura de paja u otro material rico en celulosa no solo evita la desecación del suelo, si no que la celulosa es el alimento de las bacterias del género “Azotobacter” que fijan el Nitrógeno atmosférico en la tierra y lo ponen a disposición de las plantas vivas del suelo, de nuestros árboles. Respecto a la “falsa competencia de las adventicias por la humedad en el suelo” y en cultivos de árboles y arbustos de frutales, el agrónomo francés Hallaire ha demostrado que, en cultivos de frutales y plantaciones ornamentales, un terreno mantenido limpio y sin vegetación alguna pierde tanta agua o más por evaporación que un suelo cubierto por un continuo tapiz vegetal, como por ejemplo, una pradera. Dichas adventicias mantienen el agua en sus células mientras están vivas y exudando sustancias en medio acuoso a través de sus raíces y trasladando dicha humedad al suelo. Incluso cuando la pradera parece secarse y morir, muchos sistemas radiculares siguen vivos transfiriendo una micro-humedad al suelo que sin ellas no existiría. Hoy podemos comprobarlo in situ con higrómetros electrónicos en uno y otro suelo. Y decimos que esas raíces permanecen vivas porque con las primeras lluvias de Otoño se establece enseguida la pradera con las plantas bianuales o plurianuales que han mantenido viva su rizosfera. Es como si se tratara de un milagro. Si consideramos que casi el 85% del vegetal es agua y se mantiene vivo en tiempo seco, podemos entender que el suelo también mantendrá ese grado de humedad por acción de sus raíces y que la vida microbiana se mantendrá activa el mayor tiempo posible en la tierra. De todo ello se beneficiarán nuestros árboles y arbustos. Además, si sobrevienen lluvias torrenciales, el suelo de la pradera no produce escorrentía ya que las raíces sujetan el suelo y el agua penetra a través de las galerías que los microorganismos y macro-organismos han dejado al ingerir la M.O. de las raíces muertas formando galerías de aireación. El suelo tras las lluvias no se cierra y no pierde el agua por capilaridad. Y nuestros árboles se beneficiarán de todo ello mostrando su salud y su vigor. Y todo ello sin el arado, sin apenas trabajo, dejando hacer a la Madre Naturaleza.

4. Mantener la tierra estructurada y esponjosa sin necesidad prácticamente del arado.

El excesivo laboreo está provocando la pérdida de M.O. y con ella la vida del suelo, tanto de los macro-organismos (raíces de las adventicias, mamíferos, artrópodos, moluscos y nematodos que no tienen que comer) como de los microorganismos (amebas, algas, hongos, actinomicetos y bacterias). Al ser volteado el suelo y romper su estratificación, la vida microbiana, especializada en sus diferentes estratos, sufre los estragos de ese laboreo muriendo a millares por ver alterada su condición vital. Las capas altas de la tierra, al ser sumergidas, cambian de intensidad de luz, de humedad, de temperatura y lo más importante, de aire y producen la asfixia de los microorganismos tanto por exceso como por defecto de aire.
Además, al romper la estratificación de sus capas horizontales y voltearla, sus grumos se hacen grandes y pesados quedando a la luz del sol. Nada protege al suelo y comienza a erosionarse y a romper su estructura. El suelo comienza a morir.
La Tierra, para ser cosechada, comienza a depender de unos insumos exteriores que van a aportar al suelo innumerables sales y van a mermar el bolsillo del hortelano. Y con ello, tarde o temprano, entrará en la “necesaria” utilización de fitosanitarios de síntesis y la Tierra se volverá improductiva si no recibe sus innumerables dosis químicas.
Los productos cosechados son insípidos y cargados con sustancias nocivas para la salud y el medioambiente.
No podemos dejar que esto ocurra con nuestras tierras. Es el bien más preciado que tiene el hombre y una posibilidad de demostrar que, con un apropiado tratamiento del suelo, se genera una tierra viva para nuestros descendientes y no algo muerto que solo ayudará al fracaso y al hambre del futuro.

¿Cuáles son, pues, los problemas del excesivo laboreo, sobretodo si se realiza con aperos horizontales?

• Muerte microbiana por exceso o defecto de gases atmosféricos.
• Pérdida de agua por capilaridad. Necesidad de volver al laboreo tras las lluvias cuando la tierra arcillosa se cierra.
• Clorosis húmica y férrica, al ser envueltas sus partículas con moléculas de cal en los suelos de marga (arcilla + cal). Tanto la M.O. como las partículas de hierro (el otro elemento necesario para formar el “complejo húmico – arcilloso”) han quedado estáticas, sin poder evolucionar dentro de la Red Alimentaria. Las moléculas de cal, con su ph alto, deja inertes a los elementos sin dejarles evolucionar.
• El laboreo con fresas rotativas produce “suela de labor”, impidiendo que la humedad penetre más allá de esa capa dura y en época de intensas lluvias produce un sustrato excesivamente húmedo para las raíces de nuestros árboles que pueden llegar a morir si se prolonga dicho estado en el tiempo.

Los aperos horizontales rompen la estratificación del suelo y lo pulverizan.

Los aperos horizontales rompen la estratificación del suelo y lo pulverizan.

Soluciones al excesivo laboreo

Utilicemos solo aperos verticales, como cultivadores y rejas que airean sin romper los estratos del suelo. De menos profundidad a más( labores invertidas) y proyectando las labores en el tiempo hasta el momento de la siembra o el trasplante.

* Que labren las raíces de las plantas adventicias, muchas de las cuales se suceden anualmente naciendo y muriendo, dejando galerías abiertas en la tierra por donde penetra el aire y el agua, mullendo el suelo y manteniéndolo esponjoso.
Que labren los microorganismos del suelo, estructurándolo a través del humus microbiano, la rizosfera de las raíces y las micorrizas de los hongos que ayudan a formar grumos a través de las hifas fúngicas.
Que labren los macro-organismos y animales de las praderas, mamíferos, artrópodos y nematodos que con sus galerías airean el suelo y permiten el intercambio gaseoso con la atmósfera (oxígeno y CO2).

Árboles, arbustos y herbazal crean el ecosistema equilibrado.

Árboles, arbustos y herbazal crean el ecosistema equilibrado.

5. Mantener la salud de la Tierra y la de nuestros cultivos.

A través de la mayor biodiversidad en la flora y fauna edáfica y sin necesidad de utilizar fitosanitarios de síntesis. ¿por qué afirmamos que la Pradera es suficiente para mantener la fertilidad de la Tierra y la salud de nuestros cultivos? ¿por qué afirmamos que en el transcurso de los años nuestra tierra no necesitará productos fitosanitarios de síntesis para combatir enfermedades y plagas?
La biodiversidad de especies en la flora asegura una diversidad en los microorganismos del suelo, debido a los exudados radiculares que son únicos para cada especie y variedad de planta, atrayendo en sus Micorrizas a una infinidad de microorganismos específicos para cada rizosfera, consiguiéndose una interacción y un equilibrio bioquímico difícil de igualar por el hombre que solo contempla ciertos elementos. Ese equilibrio conlleva la salud del suelo, no dejando proliferar más allá de un límite a ciertos organismos patógenos que se convertirían en plaga, siendo contrarrestados por otros microorganismos, llevando de nuevo al suelo al equilibrio y con ello, a la salud.
El suelo tiende a auto-equilibrarse para evitar enfermar y morir, y para conseguirlo es necesaria lo máxima biodiversidad de especies en la tierra, la máxima diversidad de sustancias en el suelo y qué mejor que la Pradera donde hay cientos y miles de especies en contraposición al mejor abono verde con solo un puñado de especies y variedades escogidas por el hombre. Las adventicias son especies y variedades espontáneas que tratan de equilibrar la tierra de los excesos y los defectos, adaptándose mejor que ninguna otra especie a nuestro suelo y a nuestro clima y micro-clima. Aprovechemos la oportunidad que nos brinda la Naturaleza. En definitiva, es la forma natural que tiene de protegerse y de conseguir y mantener su fertilidad natural.
Cuando esas adventicias mueren anualmente, dejan, tras la mineralización de la M.O. que los microorganismos efectúan, el llamado “precursor del Etileno”. Muchos de esos elementos, los oligoelementos o elementos traza, solo pueden ser ofrecidos a nuestros cultivos gracias a especies de adventicias muy específicas y adaptadas a nuestro suelo arcilloso-calizo y que ninguna otra especie puede aportar. La Naturaleza sabe de equilibrios, de salud y fertilidad natural. Dejemos que actúe para nuestro propio beneficio, confiando en Ella, sin intervenciones bruscas, actuando siempre con precaución y siendo las Leyes Naturales y no las leyes humanas las que rijan en todo momento nuestra intervención sobre el Suelo y la Madre Tierra.
Ello no quiere decir que no intervengamos en caso de plagas y enfermedades puntuales (sobre todo los primeros años de reconversión) pero siempre con la máxima precaución, evitando el exterminio total de la plaga ya que exterminaremos a sus depredadores y el equilibrio ecológico se resentirá. Además, solo utilizaremos productos preventivos y de fortalecimiento en infusiones y caldos, además de productos fitosanitarios 100% biodegradables y en dosis bajas.
¡Cuidado con nuestras abejas!

6. Y así conseguiremos el último y más necesario objetivo:

La mayor producción posible en la cosecha, ya que nuestros cultivos gozarán de una salud y de un aspecto envidiable. Hay que considerar el suelo como un recurso no renovable. No hay tiempo para esperar que el suelo se regenere: la Naturaleza necesita de 100 a 400 años para formar 10 mm de tierra fértil. Proteger y dinamizar el suelo es una tarea de máxima urgencia. En nuestras manos está el futuro de la Agricultura y, en definitiva, de la Humanidad.

Hasta pronto.

Saludos de Carlos Vilalta

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