PREPARADOS NATURALES PARA EL CONTROL DE PLAGAS Y ENFERMEDADES II

Saludos

Estábamos viendo los métodos “preventivos” para evitar las plagas y enfermedades a través de preparados y caldos con plantas y a través de su “dinamización” antes de aplicarlo, sea en pulverización o en riego. Nos referíamos a los Tratamientos vitalizadores que potencian el sistema inmunológico de la planta y lo trasmite a la vida del suelo. Ambos salen ganando y nosotros también.

Ahora vamos a ver cómo preparar y utilizar los tratamientos que hemos creado en nuestros caldos

COMO PREPARAR Y UTILIZAR LOS TRATAMIENTOS

Las plantas utilizadas en los preparados tienen que ser plantas sanas y para que conserven sus principios activos deben secarse en recintos sin humedades y aireados, no siendo aconsejable secarlos al sol o en hornos. Las plantas secas se conservan en bolsas de papel, tela o cajas de cartón para no dificultar la transpiración de las plantas (igual que las semillas).
Los Extractos vegetales, fermentados o no, engloban todos los preparados en forma de infusión, decocción o maceración. Con el control de la fermentación nuestros caldos serán menos hediondos, evitando las putrefacciones de antaño. Los extractos fermentados intervienen no solo con los componentes esenciales de las plantas aplicadas, sino también con la acción de bacterias y de sus numerosas enzimas. La fermentación es una fase de vida prodigiosa, pues hay tanta diferencia entre una planta y su extracto fermentado, como entre los copos de cereal y el pan, entre la leche y el queso. Solo los extractos fermentados combinan la estimulación, el refuerzo de las defensas y una acción directa, a menudo como repelente.
¿Cómo se preparan los extractos y como se controla su fermentación sin caer en la putrefacción que tiene, a veces, efectos negativos?
Para una buena fermentación es necesario utilizar “agua de lluvia” entre 15 y 25º C de máxima o aguas sin excesiva Cal ya que taponan los estomas de las hojas e impiden la estimulación de la planta. Si el agua sobrepasa 7 de Ph, es aconsejable añadir vinagre de vino a razón de un cuarto de litro por 30 de agua, bajándose así un punto su alcalinidad. Lo ideal es un agua ni ácida ni alcalina para que las sustancias estimulantes produzcan su mejor efecto. Emplear un “recipiente de plástico o de acero inoxidable”, nunca de metal ni de madera y sobredimensionado, más alto que ancho para que se mojen bien las plantas, pero que se pueda remover con un palo o escobín para airear el extracto. La “aireación” continuada para evitar la putrefacción es muy importante, removiendo varias veces al día. Si observamos que un tapiz de burbujas homogéneas suben a la superficie, es un signo de buena fermentación y solo cuando desaparecen, procederemos a filtrar la solución con tamices de tela o con dos coladores de plástico antes de que comience la putrefacción. Un extracto demasiado filtrado puede perder su eficacia. Solo así aprovecharemos los mejores efectos benéficos de nuestros extractos de plantas y procederemos a su aplicación en pulverización (bien sedimentado) o riego lo antes posible, conservando el sobrante en un sótano oscuro o bodega para las próximas aplicaciones.
La “dosis de las plantas”: Un kilo de plantas frescas troceadas para 10 litros de agua y de 100 a 200 gramos si se utiliza planta seca. Cuanto es más alta la temperatura, más rápido fermenta el extracto, normalmente entre 5 y 30 días. Un extracto de cola de Caballo u Ortiga estará listo en menos de 20 días si la temperatura ambiental está entre 18 y 22ºC.
Para evitar exceso de malos olores introducir después de 3 o 4 días de fermentación hojas de Salvia a razón de un puñado por cada 10 litros de extracto, así como arcilla o fosfatos. Pensemos que el extracto es un ente vivo, compuesto de millones de microorganismos activos que, dependiendo de su forma de prepararlo y de sus modos de aplicación, producen un caldo con un” efecto favorable o inhibidor” en las plantas que queremos tratar.
También los elementos medioambientales son esenciales para determinar las condiciones más idóneas de aplicación en su éxito o en su fracaso. Después de un día de lluvia y escurridas las hojas, es el momento idóneo para los tratamientos si el tiempo se aclara. En caso de sequía, regar copiosamente el día anterior al tratamiento para que la sabia circule y las sustancias se asimilen mejor, evitando quemaduras innecesarias para la planta. Una temperatura inferior a 10/12 grados no es favorable a los tratamientos porque la asimilación foliar es débil y el sistema radicular poco activo. No se gana siempre con los extractos vegetales. Un tratamiento fuera de lugar o aplicado en un momento inapropiado puede producir un estrés para la planta. Los extractos no son abonos orgánicos y no ayudan a la fertilidad del suelo. Son bio-estimulantes, reactivando la flora microbiana, ayudando al crecimiento de la planta y estimulando su resistencia y sus defensas inmunitarias.
Con los extractos vamos a actuar para que, sobre una planta con buena salud, la presión parasitaria sea lo más débil posible y de esta forma actuemos preventivamente, anticipándonos si hemos estado atentos. Debemos comprender que la erradicación completa del parásito y de los agentes patógenos no conviene a nuestro ecosistema y que tenemos que aprender a convivir con ellos y replantearnos una nueva relación con el parásito y la enfermedad de la planta. Controlar su población a través de su acción antibacteriana, su acción repulsiva, su acción insecticida y fungicida y el poder de su acción bio-estimulante y vitalizadora.
En la mayoría de los casos podemos controlar la agresión que amenaza a nuestros cultivos con estos remedios naturales, respetuosos con nuestra salud y con el medioambiente. Gracias a nuestros extractos tenemos la capacidad de reforzar mecanismos latentes y sin perturbar al conjunto de la fauna auxiliar. Y son biodegradables al 100% ya que no dejan residuos sintéticos que supongan peligro para la capa freática.
Para definir la mejor planificación de los tratamientos, tanto en la siembra, en el trasplante, durante el desarrollo de la planta, en el injerto, la poda, etc. es necesaria vuestra observación minuciosa y no caer en el exceso. Las aplicaciones demasiado frecuentes pueden inducir a reacciones negativas. Para nuestras hortalizas aplicaremos bio-estimulantes cada 15/20 días según el estado vegetativo de la planta. Para las especies leñosas tres o cuatro veces al año suele ser suficiente. Recordemos que los extractos estimulantes deben ser aportados preventivamente, mientras que los extractos curativos solo en presencia de un parásito.

Bueno, seguiremos indagando y conociendo este mundo de “microorganismos acuosos” que en las plantas y en el suelo causan tantos beneficios.

Cordiales saludos

Carlos Vilalta

 

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