EL LABOREO Y LA FERTILIDAD VAN DE LA MANO

EL LABOREO Y LA FERTILIDAD VAN DE LA MANO

“Nuevos sistemas hacia una verdadera agroecología”

Cuando hablamos del  “laboreo”, tenemos forzosamente que referirnos también a la fertilidad de la Tierra, ya que están íntimamente relacionadas, pues si hacemos un laboreo “incorrecto”, atentamos contra el proceso natural de fertilización y vida del Suelo.

La Tierra es un ente vivo con complejos procesos en constante transformación y de su salud depende el crecimiento armonioso de las plantas que vivan en Ella.

Si no queremos mermar o eliminar la vida del suelo, si lo que queremos es potenciar su fertilidad natural en el tiempo en beneficio de nuestros cultivos y de nuestra salud, deberemos observar algunas de las actuaciones siguientes:

Labrar lo menos posible y a su debido tiempo.

Con aperos “verticales” que no rompan la estratificación del suelo.

Con labores “progresivas en profundidad”,  invertidas y progresivas en el tiempo, de acuerdo al calendario establecido de producción y fechas de siembra.

Labrar lo menos posible significa que cada vez que movemos el suelo, producimos inevitablemente un proceso de fermentación de la Materia Orgánica, M.O. que solubiliza los minerales que la constituyen y lo pone a disposición de nuestras plantas en cultivo. La M.O. se va transformando por el ataque microbiano en otros compuestos más inertes que aportan menos fertilidad y más estructura de la tierra y progresivamente va desapareciendo.                                                                                                                         ¿y si no hay cultivo o plantación en ese momento del proceso?  ¿a quién benefician los elementos minerales solubilizados y puestos a disposición de la plantación?                      Por eso es importante conocer el momento adecuado para decidir el laboreo, teniendo en cuenta la previsión del clima y el estado del cultivo.                                                                ¡Si tenemos que dejar la tierra desnuda, que sea el menor tiempo posible!                        En ese caso, el efecto fertilizante apenas tiene relevancia debido a un laboreo a destiempo, pero ha ganado en “estructura del suelo” que también es importante y a veces uno de los objetivos primordiales. Los exudados y desechos de la actividad microbiana, especialmente los hongos, crean “grumos” más gruesos con las arcillas, la M.O. y los elementos minerales del suelo y lo hace más esponjoso.                                                    No olvidemos que siempre tenemos que mover la tierra “en tempero”, ni muy húmeda que se pega a los aperos, ni muy seca.

Labrar con “aperos verticales” que no rompan la “estratificación” del suelo, significa no voltear la tierra y respetar sus diferentes capas en estado natural: zona de desintegración o mantillo, zona humífera, con raíces y síntesis de sustancias y zona mineral de nutrientes. Esto es muy importante para la salud y vida de la Tierra, pues los millones de microorganismos que viven en ella, morirán por exceso o defecto de luz solar e intercambio gaseoso con la atmósfera. Y si la fertilidad natural se basa en la vida microbiana que “procesa y solubiliza” los elementos minerales necesarios, entonces habrá menor disponibilidad de nutrientes para nuestros cultivos y su crecimiento y producción mermará considerablemente.                                                                            Una importante mortandad microbiana significa menor fertilidad natural y el camino a su desestructuración y muerte del suelo.

Con labores progresivas e invertidas significa que nuestros aperos verticales, que solo cortan o abren la tierra sin voltearla, deben ser hundidos en el suelo de menor profundidad a más y repetir el laboreo espaciado en el tiempo, para que se vuela a reconstituir  vitalmente y de acuerdo con nuestro “calendario de siembra” previsto para esa estación.                                                                                                                              Por ejemplo: al menos dos meses antes de nuestra siembra de Primavera, allá por el mes de Enero, introduciremos “el cultivador” solamente unos 10 cm. para romper la corteza o capa superior donde reside la M.O. más fermentada, en forma de mantillo que puede ser mezclada más interiormente sin alteraciones importantes en el suelo. A los 15/20 días, volveremos a pasar la reja y esta vez a mayor profundidad, unos 15 cm.           Ya estamos a finales de enero y para mitad de Febrero, volveremos a pasar el cultivador y esta vez a 20/25 cm. de profundidad, que es lo que necesitan nuestras hortalizas para crecer y desarrollar su ciclo completo. No necesitamos más profundidad. A partir de ahí, nuestras hortalizas con “raíz pivotante” como los tomates y pimientos, algunas leguminosas o el maíz, se abrirán camino a más profundidad si mantenemos la humedad suficiente. Y no debemos olvidar que todas las adventicias o mal llamadas “malas hierbas” que se corten o arranquen, deben dejarse sobre la superficie del suelo para que restituyan laos elementos minerales en forma de humus.                                                    Ya estaremos a finales de Febrero y solo nos queda “igualar” o preparar la tierra para la siembra directa o “de asiento”, como las zanahorias, rábanos y nabos, lechugas, habas y guisantes  o trasplantar los plantones que hemos preparado en nuestro pequeño invernadero de semillas tradicionales o ecológicas naturalizadas al lugar. La utilización de rastrillos y aperos de corte de raíces, como cuchillos y pequeñas guadañas, son muy útiles para eliminar las adventicias todavía arraigadas después del último laboreo y sin mover apenas el suelo. Y así, para el mes de Marzo,  comienza el ciclo primaveral de cultivos con la subida del calor y de las lluvias. Ese también es el momento de cubrir superficialmente mantillo u otro fertilizante orgánico en estado de descomposición lo más avanzado posible. Si disponemos de él y sobre todo en los primeros años de reestructuración progresiva del suelo con este sistema de laboreo invertido.

Y si actuamos así, conseguiremos que a pesar de haber movido el suelo y haber oxigenado convenientemente la tierra, hemos contribuido a darle mayor fertilidad y estructura esponjosa para que nuestros cultivos crezcan sanos, sin enfermedades y den abundante fruto.

¡el laboreo y la fertilidad natural van de la mano!

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