EL PERIODO DE CONVERSIÓN A PRADERA NATURAL

EL PERIODO DE RECONVERSIÓN A PRADERA NATURAL

Tanto si partimos de Tierras cultivadas anteriormente en agroquímica o en agricultura ecológica, el tratamiento del suelo para conseguir un equilibrio bioquímico y una fertilidad natural parte del mismo principio:

Respetar la Leyes de la Naturaleza, interviniendo con la máxima prudencia y solo para ayudar y potenciar dichos procesos naturales.

Es un proceso relativamente lento pero seguro, dependiendo del estado y origen del suelo y de la tierra a tratar.

Para nuestras tierras arcillosas y calizas acostumbradas al laboreo después de cada lluvia o cuando se cierran y empiezan a cuartearse, es necesario intervenir a tiempo antes de que nuestros árboles se ahoguen  por encharcamiento o falta de intercambio de gases atmosféricos sobretodo en la zona de sus rizosferas.

Hasta que se constituya la pradera que evite ese efecto y permita el intercambio gaseoso y la libre circulación del agua y del aire pasan, al menos, de dos a cinco años dependiendo del estado inicial del suelo. Este es un período crítico en el que debemos intervenir puntualmente con el arado favoreciendo en lo posible el desarrollo de las adventicias.

Como la superficie inicial del suelo es lisa y sin Materia Orgánica (M.O.) las semillas de las adventicias no encuentran cama adecuada para su germinación y desarrollo y el viento se las lleva a otro lugar.

Para el laboreo utilizaremos solo rejas y cultivador que mantienen la estratificación del suelo y no lo voltea evitando la muerte de los microorganismos del suelo por exceso o defecto de oxígeno y de luz solar.

Reglas de oro para la constitución de la Pradera:

  1. Labraremos solo en superficie, 10 cm. max., rompiendo la capilaridad del suelo y preparando el  lecho de siembra.
  2. Sembraremos, antes de las lluvias de otoño, la mayor diversidad posible de especies y variedades adaptadas a nuestro suelo y a nuestro clima, partiendo de las especies de nuestro suelo inicial. Ver “Abonos Verdes”.
  3. Las cubriremos ligeramente con tierra pasando un tablón de madera o una barra de hierro entre dos personas tirando de los extremos de una cuerda.
  4. Los restos de las podas no las quemaremos, extendiéndolas por la superficie de la tierra troceándolas y triturándolas en lo posible.
  5. Aportaremos, en la medida de nuestras posibilidades, Materia Orgánica y Mineral de cualquier clase: paja, algarrobas y frutos silvestres, cañas, piedras, cáscaras de almendras, hojas, huesos, restos vegetales y todo tipo de productos biodegradables.
  6. Todo ello contribuye a cubrir el suelo y a crear una cama protectora para la germinación de las semillas, manteniéndose la humedad bajo dicha capa.

Durante el  Invierno y la Primavera, si las lluvias son propicias, será suficiente para que las plantas hagan su aparición, procediendo a segar en superficie nunca por debajo de los 10/12 cm. del suelo para que la planta pueda seguir su curso vital y dejando los restos sobre la tierra.

Cuando entra el calor del Verano, las especies se preparan para su reproducción y se “suben” para dar flor y fruto posterior. Procederemos a dejarlas que granen y den semillas para el próximo otoño y ayuden a constituir la pradera natural cerrando el suelo de adventicias.

En pleno Verano, cubriremos, en la medida de lo posible, el suelo con todo material biodegradable que tengamos a mano, ya que la pradera seca no es suficiente para dar sombra y cobertura al suelo. Con ello preservaremos que el suelo se seque en demasía evitando escorrentías con las tormentas del verano. Cubrir el suelo con paja es una forma económica y eficaz ya que fija el Nitrógeno atmosférico al suelo por medio de las bacterias del género Azotobácter que viven de la celulosa.

Antes de las primeras lluvias de Otoño (segundo año) labraremos de nuevo el suelo solo en superficie y sin voltearlo. Sembraremos de nuevo con semillas de diversas especies y variedades adaptadas a nuestro suelo y clima y comenzaremos de nuevo todo el ciclo antes expuesto.

Con el transcurso de los años, veremos que la Pradera se constituye de forma espontánea  y natural sin necesidad de siembra y arado y solo utilizaremos la segadora y la trituradora para la poda anual de nuestros árboles, dejando todos los residuos en superficie y abandonando la nefasta práctica de “la Quema” tan extendida tradicionalmente.

Podemos ayudar al equilibrio del suelo sembrando en Otoño y antes de las lluvias, especies que complementen las existentes en la relación Carbono/Nitrógeno y sin necesidad del arado, solo distribuyendo las semillas en la superficie del suelo, cubriendo las zonas menos densas o con plantas de la misma especie.

También observaremos que, llegado el calor del verano,  la pradera, bajo la sombra de los árboles, se mantiene verde aportando a nuestros árboles los beneficios de un ecosistema vivo, lejos de una tierra desnuda, seca  y erosionada bajo los rayos del Sol.

Así, la Red Alimentaria del Suelo no se paraliza debido a la sequedad del verano,  ya que la pradera resiste viva la temporada de calor (hay especies que mantienen viva solo su rizosfera teniendo en la superficie la apariencia de que están muertas) hasta las primeras lluvias de otoño volviéndose a reconstituir cada año con más fuerza.

Nuestros árboles se beneficiarán de ese manto protector vivo, estructurándose el suelo y ganando progresivamente un equilibrio bioquímico y una fertilidad natural difícil de igualar con productos de síntesis y grandes intervenciones humanas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s