LOS SISTEMAS DE RIEGO

Dependiendo del clima existente y de la cantidad de agua disponible en la época seca, el riego se realiza de diferentes maneras en cada comarca y región. Utilizar la más adecuada para nuestro suelo y microclima, evitando pérdidas innecesarias que causen daño a las propias plantas y contaminación al ecosistema y al nivel freático, son objetivos a tener en cuenta por el agricultor eficiente y respetuoso con el Medio Ambiente.

OBJETIVOS DEL RIEGO
El principal objetivo del riego es no interrumpir  “la actividad vital del ciclo natural” de una planta, para que siga creciendo y dé fruto. Independientemente de los climas y micro-climas, el horticultor debe mantener una determinada humedad en sus cultivos, sin interrupción a lo largo de todo el ciclo vegetativo del cultivo en cuestión. Si se deja secar el suelo, se interrumpe el ciclo y la planta se debilita, deja de crecer, enferma e incluso muere. Y con la planta muchos animalillos e insectos que viven de ella, los microorganismos del suelo y la propia vida de la Tierra.
Recordad aquello de que …. “una planta viva en el suelo, es el detonante para el inicio de su vida interior” … el agua es la sangre de la Tierra y de las plantas vivas… junto con el aire, la tierra, la luz (calor y fuego) suponen los elementos de la mayoría de los procesos biológicos. Además, el agua disuelve los elementos nutritivos facilitando la absorción por las raíces y estimula la proliferación de microorganismos y de las micorrizas.
¿Cuál sería el sistema de riego más apropiado para nuestro microclima mediterráneo cerca del mar?
No se puede definir un sistema como el más apropiado, pues dentro de cada Comarca hay otros supuestos medioambientales diferentes como:
•    La orientación de los bancales de cultivo: no es lo mismo una orientación Este que una orientación Sur que es más seca y recibe más horas de sol al año. Una orientación Norte mantiene más tiempo la humedad pero recibe pocas horas de sol en invierno.
•    La cantidad y calidad de agua disponible. Aunque tengamos mucha agua, si lleva contaminantes no nos permitirá regar copiosamente o lo que verdaderamente necesitemos ya que nuestros suelos se resentirán en unos pocos años.
•    El perfil del Suelo: No es lo mismo un perfil horizontal que no tiene apenas escorrentía, que un perfil  inclinado que escupe el agua.
•    La estructura y capacidad del Suelo: un suelo erosionado, sin M.O. en su superficie que lo protege, cerrado por la escorrentía, sin apenas capacidad de absorber el agua y expuesto a la erosión ambiental necesita más agua que un suelo bien estructurado.

Las necesidades hídricas de cada especie y variedad y en cada momento de su ciclo vegetativo varían y el agricultor debe conocer y adaptar las formas y técnicas de regadío hacia los sistemas más apropiados a su clima y gestión del agua disponible. Las necesidades hídricas de una lechuga son diferentes a las de una cebolla y a las de una acelga que es una especie muy adaptada a nuestro Ph del suelo, resiste suelos secos  y es muy rústica.

SISTEMAS Y TECNICAS DE RIEGO
Podemos distinguir varios sistemas de riego con sus ventajas y sus inconvenientes:
•    El riego por inundación: también llamado “a manta”, en surcos, bancales y acequias, ha sido y sigue siendo el riego tradicional por excelencia allí donde hay disponibilidad de abundante agua. Su empleo no necesita de grandes costes económicos ni de electricidad, pero tiene los siguientes inconvenientes: consumo excesivo de agua, debido a su escorrentía, acumula la materia orgánica en los rincones del bancal y cierra la superficie de las tierras arcillosas como las nuestras. Necesita grandes movimientos de tierra para hacer caballones periféricos que mantengan el agua en el perfil y surcos y acequias que conduzcan el agua hasta las tablas o bancales a regar. El agricultor debe permanecer al cuidado de inundaciones y desvíos de agua a otro bancal. Requiere mucho tiempo con algunos resultados negativos.
•    El riego por goteo: tanto con goteros interlínea, como con tubos de exudación, el gotero permite una regulación de la cantidad de agua por pié de planta y por consiguiente, un ahorro energético importante en climas secos. Cada planta puede obtener su grado de humedad óptimo pudiéndose regular el tiempo en cada período de su ciclo vegetativo.                                                                                                                           Pero tiene también varios inconvenientes: el agua solo explora una superficie del suelo y las raíces se concentran en la zona húmeda agotando los nutrientes. Las plantas no pueden explorar la superficie de la tierra adyacente y ello favorece su lento y vertical crecimiento.                                                                                                                                          En cultivo de vergel  donde los árboles permanecen varios años con los mismos riegos de goteo suspendidos en la misma posición y con escaso número de elementos de riego, se da esa consecuencia nefasta para el crecimiento regular de nuestro árbol frutal. El problema se resuelve parcialmente con un elevado número de goteros y en círculos concéntricos que exploren todo el cepellón del árbol con respecto a su envergadura y a su copa y cambiando regularmente los goteros de posición.                                                                                                                                                              En horticultura ecológica, biodinámica y en horticultura sinérgica no se ve con buenos ojos este sistema por ser muy sectorial y acarrear los problemas antes señalados. Pero en climas secos como el nuestro que no permite depender de las lluvias y cambiando de posición las líneas de goteros después de cada ciclo de cultivo, da unos buenos resultados sobre todo si va acompañado de mulch o cobertura del suelo.                                                                                                                                       La distancia entre las hortalizas y entre las líneas del cultivo determina la distancia entre los goteros que deben estar al lado de la planta y no encima. A veces es necesario doble línea para distribuir mejor la humedad y que la planta explore más superficie de suelo beneficiando a su crecimiento.                                                                                                                          Con los sistemas de riego de goteo o exudación tenemos que ocuparnos menos del momento del riego y la temperatura del agua estará a la temperatura del suelo y no produce “choque térmico”, al menos en los primeros minutos.
•    El riego por aspersión: es el riego más parecido a la lluvia y tiene la ventaja que nunca es violento como puede ser en la Naturaleza. Es ideal para cultivos extensivos forrajeros, en las plantas de hojas carnosas y anchas como la Acelga, para las raíces como la Remolacha, el colinabo y la Zanahoria y para la germinación de semillas sembradas a voleo.                                                                                                                                        Pero tiene también sus inconvenientes: si hace mucho viento no se puede regar de una forma homogénea y regular, resultando zonas más y menos húmedas.                             Otro gran inconveniente es que muchas variedades y especies hortícolas son sensibles a las enfermedades criptogámicas producidas por la invasión de hongos y otros microorganismos que colonizan el tejido de hojas, ramas y tronco. Además, el agua retenida en las hojas de las lechugas pudren la hortaliza y favorece la proliferación de estas enfermedades en:  Pepinos, calabacines, patatas y tomates. Plagas como el Oídio, la Podredumbre Negra en los tallos de los frutales y plantas leñosas, el Mildium en las Solanáceas y Cucurbitáceas, etc.

ALGUNAS CONSIDERACIONES DEL RIEGO

•    ¿Cuándo debemos regar?  Dependiendo del sistema de riego empleado, el momento idóneo para el riego depende de muchas consideraciones. A saber:                    –       La “estación anual” determina el momento: si es verano no regar hasta el atardecer para evitar evaporaciones innecesarias y quemaduras en las hojas y tallos débiles. La humedad permanecerá más tiempo en el perfil edáfico y la hortaliza tendrá toda la noche para recuperar su nivel hídrico y enfrentarse a un nuevo día de calor.                                 Si es invierno mejor regar por la mañana cuando el sol ha calentado el ambiente y el agua ha subido de temperatura para evitar un choque térmico. Las plantas cultivadas aprovechan su natural reactivación, absorben mejor la humedad y se evitan encharcamientos y humedades excesivos que solo sirven para variar la dinámica del ecosistema por uno más apropiado a otras especies que nuestras hortalizas en cultivo.
–    Durante los períodos de vientos intensos, debemos pensar en la evaporación que se produce y los efectos colaterales en nuestra plantación: si regamos mucho y hace viento, las raíces corren el peligro de ser levantadas del perfil y ser desarraigas en un continuo vaivén del tallo producido por las corrientes de aire. En esos períodos es mejor regar poco o no regar y escardar el suelo cubriéndolo de algún acolchado.
–    En las horas de pleno sol, sobretodo en época de calor, no es conveniente regar por aspersión, con manguera o regadera que moje las hojas y produzca quemaduras por el efecto de lupa de las gotas o por la rápida evaporación del calor. Además, perdemos la humedad del perfil rápidamente y las enfermedades criptogámicas se instalarán en el cultivo.

•    ¿Cuánto podemos regar y con qué periodicidad?  La gran variedad de especies y plantas hortícolas, el clima existente y la estructura del suelo determinan la cantidad y la periodicidad del riego.                                                                                                                                     Cada especie y variedad y cada destino del fruto cosechado, determinan el momento adecuado dentro de su ciclo de desarrollo. Así una lechuga que es “compuesta” necesita más agua que una cebolla que es “liliácea”, una sandía que es “cucurbitácea” necesita más agua que un apio o perejil que son “umbelíferas”.                                                     Pero también, dentro de la misma familia existen diferencias entre sus variedades y el destino del fruto que producen: así un tomate “de colgar” requiere menos humedad para su fácil conservación que un tomate “muchamiel” para la ensalada.                                         La periodicidad depende de la estación anual, siendo necesarios riegos más frecuentes cuanto más seca, calurosa y ventosa sea la estación y reduciéndose los riegos en tiempo lluvioso y frío. También hay que tener en cuenta la necesidad de cada especie y variedad, debiéndose agrupar en la huerta en los mismos circuitos de riego.                                          La estructura y composición de nuestro suelo es determinante en la capacidad de recibir y exudar  la humedad a la atmósfera. Un suelo arcilloso retiene mucho tiempo la humedad y hace el suelo blando y esponjoso aunque favorece los encharcamientos con peligro de asfixia en las raíces.  Un suelo arenoso o pedregoso es muy receptivo y drena fácilmente, por lo que se tendrá que regar más frecuentemente. Tanto uno como otro suelo mejora la retención del agua con la adicción de M.O. y el acolchado favorece que la humedad permanezca más tiempo en el perfil edáfico.                                                                              La densidad en la plantación también influye. Si las plantas crecen muy juntas necesitan más agua por cada elemento y por cada metro cuadrado, aunque por otro lado se hacen sombra y mantienen la humedad fácilmente. Un suelo desnudo evapora el agua con gran facilidad. Como veis, no hay unas reglas universales, si no modos y sistemas  dependientes de las especies y de las circunstancias medioambientales del momento.

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