EL HUERTO INSTANTÁNEO

EL HUERTO INSTANTÁNEO

La creación de tierras hortícolas para el cultivo instantáneo de hortalizas viene desde la antigüedad cuando se amontonaba estiércol sobre los bancales y se iban agregando más residuos sobre el suelo en montón. Luego, cuando la fermentación ofrecía una Materia Orgánica (M.O.) suficientemente homogénea y en avanzado estado de fermentación, se igualaba con un rastrillo sobre el bancal de pradera natural y se cultivaban encima hortalizas que gustaban de mucha actividad y vida microbiana sin afectar a sus raíces ni a su crecimiento.

Con los años, se iba agregando más M.O. en su superficie sin mover el bancal y las capas más antiguas se iban incorporando al suelo mineral y estructurando poco a poco la tierra. Las adventicias, al tener encima una capa ahogante y que no dejaba pasar la luz, se iban inhibiendo poco a poco hasta desaparecer, ocupando su lugar las plantas cultivadas. Los cultivos venideros podrían ser ya menos exigentes y más adaptados al mantillo que se iba acumulando en la superficie de la tierra, pudiéndose cultivar hortalizas más sensibles como lechugas, zanahorias, remolacha, nabos y rábanos que ya hundían sus raíces en un suelo menos ácido y más neutro y en un suelo más estructurado y acolchado gracias a la acción de las raíces y a la acción de los millones de microorganismos que hacían posible la vida del suelo. Eso sí, las primeras hortalizas estaban cargadas de Nitratos en dosis tóxicas muy altas.

Los Chinos en la antigüedad, hace ya 4.000 años, retiraban la sedimentación acumulada de los canales donde se concentraba mucho estiércol de pato y lo esparcían por encima de la tierra cultivando en dichos montones. Los horticultores parisinos de finales del siglo XIX, recogiendo los estiércoles de los caballos de las calles y de las cuadras y lecherías de la ciudad, así como las cisternas de las aguas residuales de las viviendas antes de organizarse los alcantarillados municipales, los esparcían en bancales sobre el suelo, organizando los cultivos en relación al calor que los propios bancales iban generando en el proceso de fermentación por los “actinomicetos”, gérmenes termófilos que actúan en dicho proceso.

Así pues, puedes empezar a cultivar en cualquier tipo de suelo sin hacer el trabajo “rompe-espaldas” de excavar la tierra para elaborar una cama suficiente para la plantación. Poner mulch en capas sobre el suelo suprime toda la maleza, pudiendo utilizarse toda clase de restos orgánicos biodegradables como cartón natural de cajas de embalar sin cinta adhesiva ni impresión de color alguna, papel de periódico solo de tinta negra que no contiene plomo ni otros metales pesados, paja, estiércoles de animales en fermentación o compost, mantillo y tierra del lugar si dispones de ella.

Después de extender una cama orgánica y regar, poner papeles y/o cartones...

Vamos regando copiosamente dichas capas mientras las vamos agregando y organizando el futuro bancal de plantación. Todos estos materiales contienen elementos esenciales y retienen bien el agua, debiendo agregar también capas de material seco como paja y trozos de ramas de árboles y arbustos, algunas agujas de pino, cáscaras de arroz, de almendras y de nueces, hojas viejas, cortezas de troncos y astillas de madera o serrín procedente de maderas naturales, algas marinas lavadas por la lluvia, etc. Si hay árboles o arbustos ya instalados, recortaremos a su alrededor dicho mulch para que no esté en contacto con el tronco y dejaremos que siga viviendo entre las hortalizas.

Encima se sigue añadiendo más materia orgánica y se riega...

Al principio la fermentación de la M.O. produce mucha acidez en el sustrato que se está creando y solo tolera plantas y hortalizas que puedan crecer y desarrollarse en ese ambiente microbiano, como las solanáceas y cucurbitáceas. A los seis meses, las capas más inferiores pasan a otro estado de fermentación en el que el Ph. se eleva  a más neutro y permite el cultivo de plantas menos sensibles como quenopodiáceas y crucíferas. Al final del primer año el suelo habrá cambiado bastante y contendrá cientos de lombrices y bacterias del suelo ideal para plantas más sensibles como compuestas, umbelíferas, liliáceas, etc.

Si tienes paja, cubres toda la parcela y vuelves a regar...

El primer año debemos plantar cultivos pioneros que rompan el sustrato duro del suelo con sus raíces pivotantes con ayuda de unos agujeros en el sustrato que se está creando y cubiertos de tierra buena del lugar donde plantaremos nuestras hortalizas pioneras, como alcachofas, acelgas, tomates, apio que saben profundizar.                               Gracias a que están rodeadas de tierra del lugar, la fermentación intensiva de la M.O. no les afecta en los primeros estadios de vida y pueden crecer y desarrollarse. Más tarde se aprovecharán de los “elementos transitorios” del bancal en fermentación. También y siguiendo el mismo método, a partir del primer año, puedes sembrar semillas de leguminosas como alfalfa, habas y garbanzos protegidos por esos pequeños hoyos de tierra que hemos creado para que produzca M.O. y sus raíces estructuren el suelo.

La siembra de tubérculos como patatas, batatas y tupinambo son las más apropiadas para los primeros estadios de desarrollo del suelo que se va formando. Hay que regar frecuentemente el primer año para acelerar la descomposición y formar cuanto antes tierra de cultivo, poniéndose las plantas más cerca, sin dejar sitio para la azada, generalmente en camas mixtas más que en surcos estrictos.

Las patatas que sembramos ya están saliendo y no se regarán salvo por una sequía rigurosa.

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