PERMACULTURA XVII LOS BOSQUES ALIMENTICIOS El Abonado de los Frutales

EL ABONADO DE LOS FRUTALES

 Partiendo de árboles ya maduros, los frutales son plantas plurianuales en las que debe haber un equilibrio entre el crecimiento vegetativo y la producción de fruta y ambos crecimientos suelen estar inversamente relacionados. Normalmente un crecimiento excesivo de la parte vegetativa nos da poca producción y de mala calidad y un crecimiento demasiado débil nos da un exceso de producción y aunque parezca extraño, también acaba dando mala calidad de fruta. Solo el crecimiento vegetativo equilibrado dará buena producción de frutos de buena calidad. Pero, ¿Cómo conseguir ese equilibrio y cuando debemos abonar?

Muchas veces abonamos sin necesidad y con una buena gestión del suelo y del riego nuestros frutales podrían tener producciones altas y de calidad durante muchos años. Sin embargo, hay una técnica ancestral que nos da mucha información y consiste en observar los brotes anuales del frutal, siendo el crecimiento vegetativo un indicador inequívoco de la salud de los árboles:

  1. Si los brotes del año crecen menos de 40 cm. indica que al frutal le pasa alguna cosa: le falta fertilización, riego o tiene problemas radiculares (compactaciones o enfermedades). Normalmente necesita ser abonado, directa o indirectamente.
  2. Si los brotes del año tienen más de 80 cm. indica que aunque el frutal está suficientemente abonado, debemos gestionar mejor el suelo potenciando las cubiertas vegetales y segando después de la floración para acumular celulosa y lignina que estructura el suelo y crea M.O. que no sea fácilmente mineralizable, ya que nuestros árboles no lo necesitan.
  3. Si los crecimientos han sido de entre 40 y 80 cm. son los indicadores correctos y el frutal está equilibrado (crecimiento vegetativo y producción). Deberemos mantener la fertilidad de esa tierra a través de una correcta gestión del suelo, del riego y con la regulación de cubiertas vegetales como ya hemos aprendido.

Otro aspecto muy importante es conocer la salud de nuestra tierra de labor que está determinada por “la vida” que es capaz de albergar. Cuanto más diversificada sea nuestra cubierta vegetal, más equilibrada estará nuestra tierra. Conocer el agua con la que regamos también es importante, ya que el contenido nutricional que lleva el agua de riego será parte de la fertilización “invisible” que estamos aportando.

¿Dónde, cuando y cómo abonar nuestros árboles frutales?

La aplicación de M.O. en forma de estiércoles fermentados de caballos, ovejas o cabras suelen ser los más aconsejados para evitar problemas en las raíces, así como la aplicación de compost realizado por nosotros con una variedad de productos en su composición. Pero debemos esparcirlos en la superficie del terreno, sin incorporarlo mecánicamente, evitando la proximidad al tronco y en la parte exterior de las raíces más ramificadas, donde finaliza la sombra del frutal. El momento es el Otoño.

En el tiempo y en el momento adecuado, se esparce el compost sobre la superficie en espera de un laboreo superficial con cultivador de rejas.

También podemos hacer un mínimo trabajo superficial (5 cm. de profundidad con aperos verticales) en determinados momentos si vemos que el crecimiento del frutal es débil. Esto provoca una oxigenación del horizonte orgánico del suelo y se obtiene una aceleración de la mineralización y, por tanto, un aporte de Nitrógeno mineral al frutal cuando más lo necesita. El momento es la Primavera que el árbol comienza su desarrollo vital.

 Pero, ¿qué ocurre si abusamos del Nitrógeno?                                                            Sabemos que es un elemento esencial para el desarrollo de nuestras plantas. También sabemos que las formas minerales del Nitrógeno son fácilmente lixiviadas (lavadas por lluvias y riegos) y al no encontrarse abonos minerales ecológicos ricos en este elemento, los agricultores tienden a utilizar en exceso los estiércoles que si se hace de forma continuada, provocará desequilibrios con el resto de los minerales de esa tierra. El exceso de Nitrógeno provoca no solo un exceso de vigor en la planta, si no que afecta a la movilidad del calcio en el árbol frutal. El calcio es un elemento básico para la calidad de la fruta, fortaleciendo las paredes celulares y la dureza de los frutos. Esos desequilibrios afectan también al Fósforo que inhiben a las micorrizas básicas en los frutales. Los excesos de Potasio afectan a la absorción y a la movilidad del calcio de la fruta.

 ¿Cómo podremos entonces dar el nitrógeno que necesita el frutal sin desequilibrar el suelo y la planta?  La Naturaleza, en tantos millones de años, ¿no ha previsto este problema?                                                                                                 La Naturaleza “juega” con el Nitrógeno y tiene un almacén en la tierra en forma de nitrógeno orgánico (el 5% de la M.O. es N. orgánico) que se va liberando (mineralizando, solubilizando) de forma paulatina gracias a la acción de los microorganismos del suelo. Este proceso necesita calor y humedad, lo mismo que necesitan las plantas para crecer: así la mineralización de la M.O. se produce en los momentos de crecimiento de nuestros árboles, que es el momento que necesitamos el Nitrógeno. En una tierra cultivada en ecológico esta mineralización puede representar entre 50 y 250 Kg. de Nitrógeno por año y hectárea, más que suficiente para el desarrollo de nuestros cultivos. Pero esta no es la única fuente de nitrógeno que nos brinda la Naturaleza:                                                                                                                                                                   No olvidemos la fijación simbiótica del Nitrógeno atmosférico que realizan las bacterias “Rhizobium” de las leguminosas, ni las bacterias aerobias de la celulosa y lignina, “Azotobacter y Azospirillum” y de otros microorganismos aerobios como el “Clostridium” que fijan el Nitrógeno atmosférico para beneficio de la vida vegetal. También las lluvias y tormentas aportan Nitrógeno al ecosistema, por lo que no tenemos necesidad de ningún aporte de dicho elemento si nuestro suelo está gestionado correctamente de una forma ecológica.

Bueno, en el próximo encuentro el “Control y Manejo de las Enfermedades del Frutal”

Hasta entonces, cordiales saludos de Carlos Vilalta

 

Anuncios

PERMACULTURA XVI LOS BOSQUES ALIMENTICIOS Arbustos y árboles frutales

!Hola a tod@s!

Hace tiempo que por motivos de trabajo y de salud no he podido seguir con el blog y ahora me dispongo a continuar asiduamente con estos temas tan interesantes que son la Agricultura Natural y la Permacultura.

Ruego me perdonéis y quiero comenzar esta temporada con algo muy en boga en este tiempo: los Bosques alimenticios de frutales. Gracias por vuestra atención.

LOS BOSQUES ALIMENTICIOS – ÁRBOLES FRUTALES

LOS ÁRBOLES, LOS ARBUSTOS  Y LA PRADERA SE BASTAN A SÍ MISMOS

NO LABOREO, NO ABONOS QUÍMICOS Y NO PESTICIDAS NI HERBICIDAS

Árboles, arbustos y herbazal crean el ecosistema equilibrado.

En una parcela cubierta de Pradera o Abonos verdes, comenzamos la plantación de nuestro huerto frutal trasplantando los plantones que hemos hecho crecer en nuestro semillero o comprándolos del exterior con la seguridad que han nacido de semillas y no procedan de estacas o injertos. Eso va a tener una importancia capital para el manejo p

Si comenzamos de un suelo desnudo, castigado por la erosión del laboreo o por los abonos químicos, es necesario que restablezcamos cuanto antes la fertilidad natural de todo el bancal o parcela para que la variedad de especies de frutales que vamos a plantar se beneficie de todo el ecosistema. Tenemos que crear un ecosistema integrado con árboles, arbustos (si queremos en la periferia de la parcela como seto rompe-vientos y hábitat de nuestros depredadores) y herbazal o Pradera natural compuesta de muchas especies y variedades. Lo ideal es una plantación de árboles frutales de hoja perenne, caducifolios y árboles de leguminosas como abono vegetal (acacias, algarrobos, mirtos, alisos e incluso arbustos de parras trepadoras) que junto con las praderas naturales fertilizarán suficientemente nuestro vergel. Evitemos el monocultivo de una sola especie o de variedades de la misma rama original (Cítricos: naranjos, limoneros, pomelos, mandarinos, Rosáceas: almendros, ciruelos, melocotoneros, albaricoqueros, cerezos, etc.). Tenemos que crear un huerto frutal diversificado para evitar plagas y enfermedades.

Comenzaremos, si el suelo está muy duro, con un laboreo superficial con rejas o cultivador, para no romper su estratificación, con una profundidad de no más de 5 ó 10 cm. Sembraremos una mezcla de abono verde consistente en al menos diez variedades de especies entre leguminosas, cereales y crucíferas o umbelíferas según vimos en nuestro Curso de Horticultura ecológica y cubriremos las semillas con paja o material de acolchado o con la propia tierra del lugar pasando un tablón de madera tirado por cuerdas laterales, en el sentido contrario de los surcos, evitando arremolinar las semillas dando una sola pasada. Todo ello lo haremos estando atentos a la previsión metereológica, labrando  unos días antes y sembrando justo antes de las primeras lluvias. Si tenéis paja o material de acolchado, podéis sembrar inmediatamente posterior a las lluvias, habiendo puesto en remojo las semillas un día o dos antes en agua y dejándolas escurrir en una criba unas horas antes de la siembra a voleo. Esto acelerará el proceso tan delicado de germinación y evitará muchos riegos posteriores, pues debemos de mantener el bancal permanentemente húmedo para evitar que las semillas paralicen su germinación y perdamos todo el trabajo. Por esto, en nuestra Comarca de la Marina Baixa, es necesario sembrar los abonos verdes en Otoño, con las primeras lluvias y todavía con suficiente temperatura para evitar la excesiva desecación del suelo, salvo que tengamos abundante agua y podamos regar por aspersión, por lo que podremos sembrar en Primavera.

Las especies de árboles frutales escogidos serán los más adaptados a nuestro ecosistema natural (todos los cítricos, caquis, peras y peritas de San Juán, manzanos ciruelos y albaricoques de variedad temprana, granados, nísperos, membrilleros, higueras, aguacates, cerezos, etc.), como veis un montón de especies y variedades que podemos cultivar sin problemas y que deben plantarse con espacio suficiente para su desarrollo, en hileras y al tresbolillo para aprovechar mejor el espacio de la plantación. De esta manera podremos realizar plantaciones en los espacios entre las hileras de cultivos extensivos y hortalizas de huerta y aprovechamos la sinergia que crea el ecosistema (silvicultura).

En las laderas de las colinas o suelos oblicuos, procederemos del mismo modo para la constitución de la Pradera natural y si tenemos ramas y troncos de la poda de árboles, los semi-enterraremos en hileras horizontales a lo largo de la ladera y plantaremos los frutales en la parte superior a un metro de distancia. Esto generará mucho humus con el tiempo y retendrá el agua de lluvia si no  utilizamos “zanjas de infiltración o recuperadores” para el riego generalizado de los frutales.

No deberíamos podar una vez formado el árbol. La poda ha sembrado más confusión entre los agricultores que cualquier otro aspecto de la Fruticultura. ¿Cuáles han sido los “motivos” para empezar a podar?  Nos han dicho que si no podamos anualmente las ramas y los vástagos del enramado primario se enredan y el follaje crece denso y enmarañado complicando toda manipulación y gobierno del huerto frutal. Como consecuencia, la luz solar penetra con dificultad y las pulverizaciones de los insecticidas resultan ineficaces. La ventilación es pobre, estimulando la infección de plagas y enfermedades. Las ramas secas son abundantes y la  fructificación se detiene. También la poda es esencial porque las ramas inferiores estorban cuando hay que arar, escardar y fertilizar.

Otro motivo es la relación recíproca entre el crecimiento y la producción del árbol: cuando el crecimiento es demasiado vigoroso, produce poca fruta y cuando produce mucha fruta, el árbol se retiene y crece poco. Así en los años que se pronostica  poca producción se practica la poda para promover la fructificación. Pero en los años en que los árboles crecen bien, también deben ser podados para incrementar su vigor y rendimiento. El agricultor ha de “ajustar” constantemente el crecimiento del árbol y la formación de la fruta y evitar que el árbol crezca desordenadamente en la forma de sus ramas y lograr que produzca una buena cosecha. Ciertamente esto parece “justificar” las intrincadas y complejas técnicas de la poda. Pero, una vez que las tijeras han sido aplicadas a un árbol y las ramas emergen con complicadas formas, el árbol ya no puede ser abandonado.

Sin embargo, cuando se deja crecer a un árbol por sí mismo, habiéndolo plantado de semilla o siembra directa de porta-injerto, su crecimiento es natural desde el principio y no conviene perturbar su crecimiento con poda alguna hasta que se desarrolle lo suficientemente para determinar su futura estructura . El árbol producirá fruta cada año y no es necesario apenas podar. Un cítrico, por ejemplo, sigue el mismo modelo de crecimiento que un cedro o un pino, esto es, un único tronco central creciendo recto con ramas extendiéndose al exterior alternativamente y raíces pivotantes en su interior.

Todas las ramas con desarrollo natural reciben por igual la luz solar sin estorbarse y darse sombra. Si cometemos el error de podar sus ramas (salvo las que se secan naturalmente), entraremos en la espiral de un trabajo innecesario para el agricultor.

Siembra directa del portainjerto

Las razones dadas usualmente para plantar retoños injertados en lugar de plantones de semillas, son las de conseguir que la planta rinda fruto más precozmente, asegurar el tamaño uniforme de la fruta, así como su calidad (más debilitada por la uniformidad generacional) y obtener frutas que maduren pronto. Sin embargo, cuando un árbol es injertado, el flujo de savia queda bloqueado en el punto de unión del injerto, resultando, en consecuencia, o bien un árbol pequeño que deberá ser intensamente fertilizado o bien un árbol con tiempo corto de vida y escasa resistencia a las temperaturas extremas.

Sin embargo, un árbol joven desarrollado a partir de semilla crece más rápidamente que a partir de injerto, aunque los retoños naturales no crecen tan rápidamente durante los primeros dos o tres años como los injertados. Es verdad que los frutos de estos árboles naturales crecen de diferentes tamaños y formas, a veces no aptas para el Mercado actual. Pero tiene interés en el Mercado interior de productos ecológicos ya que prima el sabor y la calidad y eso también tiene su precio en otro ámbito comercial.

Corrección de la forma de los árboles:  A veces es necesaria alguna “rectificación” en vástagos jóvenes trasplantados, para corregir la organización de sus ramas. Esto es necesario si se seca el extremo o si se ha recortado en demasía el sistema de raíces al ser trasplantado, ya que puede surgir un número más grande de “serpollos o retoños” de lo que sería natural, dando lugar, por ello, a que las ramas se entrelacen y enreden. En cambio, los árboles que muestran un crecimiento estabilizado, normal y correcto desde el principio, asumen una forma próxima a lo normal y por lo tanto, puede dejárseles solos, sin más cuidado. El despuntar del primer y segundo vástago es muy importante y determina la forma definitiva del árbol durante toda su existencia, siendo un factor importante en el éxito o fracaso de un huerto frutal. Sin embargo, es muy difícil, frecuentemente, decidir cuáles de los brotes se deben dejar y cuáles se deben despuntar cuando los árboles son muy jóvenes. Qué ramas habrán de ser la que formen el estrato o andamiaje primario y cuáles las que formen los estratos secundarios, por lo que podar precozmente podría resultar perjudicial cuando se hace imprudentemente, ya que ciertas ramas se han podido entrelazar debido  a condiciones imprevistas de crecimiento. Podemos asumir que un árbol crecido en estado natural adquirirá más fácilmente una forma también natural. Pero no es, abandonando al árbol, como éste alcanza su forma natural, si no solo cuando se le presta la suficiente atención y protección en sus primeros años de vida, hasta que arraiga debidamente y alcanza un desarrollo suficiente. Entonces, es cuando requerirán menor atención de nosotros y cosecharemos las buenas intervenciones realizadas en esos años.

A los cuatro o cinco años de la plantación es cuando comienzan a dar fruto y si el vergel se ha constituido en las laderas de una montaña, es buena idea de excavar la tierra con azadón en el lado de los árboles para crear pequeñas terrazas o pozas que recojan el agua y un sendero por la ladera del huerto. Así mismo, si todavía no lo hemos hecho, comunicaremos dichas pozas a través de zanjas de infiltración o recuperadores para que el agua de lluvia riegue eficazmente a sus pies, evitando que se moje el tronco y humedeciendo solo las raíces exteriores que coinciden con su ramaje más abierto. Este es el lugar de riego y abonado, si en algún momento se necesita para potenciar el desarrollo del árbol o de la fruta.

Riego de árboles en pendiente a través de zanjas de infiltración.

Bueno, amigos, en la próxima entrega hablaremos del posible abonado de nuestros frutales.

Un cordial saludo de Carlos Vilalta

 

PERMACULTURA XV LA PRÁCTICA DE LOS CULTIVOS EXTENSIVOS Masanobu Fukuoka

LOS CULTIVOS EXTENSIVOS DE CEREALES Y LEGUMINOSAS

  1. Cultivando con paja: Esparcir paja sobre el suelo puede parecer poco importante, pero es fundamental en el método que M. Fukuoka expone para cultivar cereales, leguminosas, oleaginosas y otros cultivos extensivos. Esta práctica está relacionada con todo: con la fertilidad del suelo, la germinación de las semillas, el crecimiento de las adventicias, la conservación de la humedad del suelo y el poder mantener alejados a los gorriones y a otras aves de la semilla antes de su germinación.                                                                                                                    Los diferentes ensayos en Centros Agrícolas del Japón han determinado que la paja esparcida sin trocear, la paja entera, da mejores resultados, pero debe de ser esparcida en todas direcciones, no de forma ordenada, igual como si los tallos hubiesen caído de forma natural. Toda la paja y envolturas de los granos que se obtengan después de la trilla, debe ser devuelta a los campos de cultivo”. Esparcir la paja sobre los campos mantiene su estructura y enriquece el suelo, por lo que no se hace necesario el abonado si se devuelve, año tras año, todo lo que se ha producido en el campo, excepto el propio grano o fruto cosechado.                             Esto nos lleva a que no es necesario preparar Compost, es decir, utilizar todo el trabajo necesario para constituir el montón. No quiere decir que el Compost no es necesario para la agricultura natural extensiva, pero si se deja la paja sobre la superficie del suelo en primavera o en otoño y se cubre con una ligera capa de gallinaza u otro fertilizante nitrogenado de pato, conejo, cabra, etc., en seis meses estará totalmente descompuesta, uniéndose a ello el beneficio de los “productos transitorios” del compostaje en superficie.                                                                                                                      La germinación de las semillas se ve favorecida por la cobertura de paja, ya que crea un microclima con humedad estable y una cama de germinación apropiada.  También ayuda a mantener bajo control a las hierbas y a los pájaros.                        No obstante, la siembra a voleo sobre campos de paja y tierras sin laboreo tiene problemas, a veces con la podredumbre de la semilla, a veces con los pequeños animales, tales como ratones, caracoles y babosas, topos, grillos y hormigas que se comen o esconden las semillas. Una capa de arcilla recubriendo las semillas, resuelve este problema.
  2. Recubriendo las semillas con bolitas de arcilla. El método más sencillo consiste en:                                                                                                                                  1. mezclar las semillas con una cantidad de 5 a 10 veces mayor de arcilla o tierra roja, bien triturada y agua, amasando el conjunto hasta su endurecimiento por compresión. 2. Pasar la mezcla amasada a través de un cedazo o criba metálica de unos 12 mm aproximadamente y dejar secar durante unas horas (de 6 a 12 horas según la estación del año). 3. Dar forma a la mezcla arcillosa haciendo bolas de un centímetro de diámetro, rodando fragmentos de tamaño adecuado entre las manos. Puede haber varias semillas por bolita (4 ó 5) pero puede ser lo ideal para una siembra de Abono verde o para reforestar un bosque, conteniendo semillas de árboles y arbustos del ecosistema que queremos crear.                                             Para preparar bolitas de “una sola semilla”, se procede de la siguiente manera:      1. se humedecen durante unas horas las semillas. 2. Se espolvorea con arcilla bien machacada o cribada mientras se añade agua nebulizada sobre la mezcla con un pulverizador. 3. Al mismo tiempo se imprime al recipiente movimiento oscilatorio y circular. 4. Las semillas van quedando recubiertas con arcilla y aumentando de tamaño en capas superpuestas hasta que quedan bien recubiertas dependiendo del tipo y diámetro de las semillas originales. Con el método manual, se pueden realizar las suficientes bolitas en un día para sembrar una hectárea de cereales.                                                                                                                    Nosotros, en la Granja Escuela La Ilusión de Finestrat, hacíamos las bolitas de arcilla con hormigonera ya que, para comenzar a constituir praderas naturales y estructurar y fertilizar nuestro suelo erosionado allá por los años 90, necesitábamos fabricar gran número de ellas. Para lo cual, compramos una pequeña hormigonera eléctrica y comenzamos quitando las dos pequeñas palas o astas interiores del bombo para amasar el hormigón, ya que vimos que se arremolinaban muchas de ellas en esas zonas.                                                                                                                              Poníamos las semillas en agua durante dos o tres horas solamente, para evitar su pre-germinación y las íbamos introduciendo en el bombo de la hormigonera en pequeñas cantidades. A medida que daban vueltas, introducíamos con una pala tierra cribada del terreno que contiene mucha arcilla y cal (marga) espolvoreándola en el interior del bombo y pulverizando agua en pequeñas cantidades para evitar que las bolitas se pegasen entre ellas. Poco a poco el diámetro de las bolitas de arcilla crecía y cuando tenían aproximadamente un cm. de diámetro las sacábamos y las poníamos a secar a la sombra para que no se agrietaran. De esta manera, comenzamos a sembrar abono verde con multitud de semillas de leguminosas, cereales y crucíferas, la combinación perfecta para un abono equilibrado que el suelo acogerá  en beneficio de la proliferación de diversos microorganismos beneficiosos y de la estructuración del suelo.                                                                                                                               El hacinamiento del tiempo: En la práctica, la siembra directa de cereales sin laboreo conlleva su forma de hacerlo, combinando cultivos vivos intermedios de acolchado, entre las siembras de Otoño y las de Primavera.                                                                                                                   “Comencé a estudiar la siembra directa cuando comprendí que todas las plantas, en la Naturaleza, se siembran solas, directamente sobre el suelo”. ..“Los cereales modernos cultivados han sido mejorados genéticamente durante siglos. Ya no son naturales y nunca podrán regresar a la Naturaleza ya que estas plantas requieren alguna forma de protección y cuidado humanos”. (M. Fukuoka, La Senda natural del cultivo, Terapión, 1985).                                                                                                                             Sin embargo, durante años, Fukuoka trató de buscar las especies y variedades más antiguas y mejor adaptadas a su clima y a través de una siembra intermedia de cobertura de leguminosas, consiguió cama y protección suficiente para que el cereal germinara en su mejor momento llevado por el clima y por el suelo en su dinámica salvaje.                                                                                                                             Años más tarde, consiguió el cultivo de la Plantación principal y otra plantación secundaria de cara al invierno a través de una siembra directa y simultánea de los tres cultivos del año: primero sembrando leguminosas (siembra de cobertura y abonado del suelo), segundo la siembra de los cereales de invierno  y de verano simultáneamente.                                                                                                                               Comenzaremos, por vez primera, en Otoño con la siega de las praderas establecidas o Abonos verdes del suelo. Un mes más tarde, dependiendo de la temperatura y lluvias de ese año, y una vez los residuos se hayan pre-humificado directamente en el suelo, procederemos y solo por esta vez, a un laboreo superficial con rejas o cultivador, agregando un poco de M.O., compost o estiércol fermentado y sembraremos a voleo al menos el cereal de otoño y una leguminosa como Alfalfa Silvestre o Trébol de invierno como cobertura y fertilizante para el cereal. Antes de ser cosechado el cereal de invierno, se sembrará el cereal de primavera sobre los anteriores cultivos, cosechándose el primer cultivo y devolviendo la paja y los residuos de las leguminosas al suelo que hará de cama y cobertura para el cereal de Primavera-verano.                                                               A veces, si tenemos muchas hormigas o el clima viene seco, envolveremos las semillas de primavera en bolitas de arcilla para que, después de una lluvia y aprovechando la sinergia climática y la del lugar, germinen el siguiente cultivo en su momento apropiado y con el impulso que la Naturaleza le está otorgando.                                                                                                                                    Aquí os muestro unos esquemas del cultivo de Granos y Legumbres sin labrar la tierra y comenzando a utilizar dicho sistema por primera vez:Es un Sistema de cultivo que nos permitirá mejorar el suelo con los años, incrementándose la fertilidad y la buena estructura y con el tiempo, nuestros cultivos extensivos serán más productivos y más limpios, con menos adventicias y con una buena cama para nuestras siembras posteriores.                                                         Podemos y debemos alternar cultivos de cereales, con leguminosas y oleaginosas (soja, colza, cártamo, ricino, girasol, sésamo, etc.) a fin de crear una buena rotación en nuestros Cultivos extensivos, para que la tierra no se resienta, que la producción sea cada vez mayor y que se desarrolle libre de plagas y enfermedades.

    Otro esquema básico que nos puede servir para guiarnos en la práctica de este Sistema de cultivo sin laboreo:

    “Probablemente no hay método más fácil y más simple para cultivar cereales, legumbres y girasol. Implica poco más que sembrar a voleo y esparcir la paja, pero he necesitado cerca de 30 años para alcanzar esa simplicidad” (La Revolución de una Brizna de Paja, Masanobu Fukuoka, 1978).

    Hasta la próxima entrega. Cordiales saludos de Carlos Vilalta