LA FERTILIZACIÓN DEL SUELO

EL  ABONADO DEL SUELO
FUNDAMENTOS DE LA FERTILIDAD NATURAL
 La vida de la Tierra y el Suelo se bastan a sí mismos. La auto-fertilidad es evidente en bosques y ecosistemas integrados donde las leyes naturales son observadas. No hay agricultor o granjero del que dependa su fertilidad, la Naturaleza se basta a sí mismo.
Pero nosotros manejamos la tierra para que produzca y nos alimente, con hortalizas de la forma y sabor que queremos, a través de la selección de especies y variedades a través de los siglos. Y así lo vamos haciendo desde el Neolítico, desde que el hombre dejó de ser nómada y se estableció con tierra y ganado.
Conseguir mantener la fertilidad en el tiempo es uno de los condicionantes y retos a los que el agricultor se enfrenta, pues cada vez que cultiva parece que la tierra se cansa y merma su fertilidad. Es entonces cuando deberíamos preguntarnos el por qué de lo ocurrido y sin pensarlo más y apoyados en la tecnología y en la ciencia humana, nos lanzamos a suplantar a la Naturaleza en la tarea de darle fertilidad a través de fitosanitarios y productos de síntesis, culpando de las carencias a lo que sustrae el propio cultivo de la tierra y no a la forma del laboreo que es la principal causa de la pérdida de fertilidad del suelo.
Es entonces cuando perdemos la baza y perdemos el suelo.  Perdemos todo lo más preciado para ser humano, todo lo que nos puede alimentar y conectar con el gran Espírito de la Naturaleza y del Universo. Perdemos la posibilidad de contribuir con nuestro gesto humilde, a la conservación de la Tierra y del planeta en que vivimos.
Es por lo que para conseguir que el Suelo no se degrade y pierda su fertilidad natural debemos actuar siempre con prudencia y sabiendo bien lo que hacemos, observando los “principios fundamentales” de la agricultura ecológica en todo momento, favoreciendo siempre la vida del ecosistema y en provecho nuestro.
El equilibrio bioquímico del suelo es la clave de su fertilidad, que los seres que vivan en él lo hagan en harmonía y en buena convivencia, para así evitar plagas y desajustes innecesarios que causen problemas a nuestras plantas cultivadas y necesiten de nuestra atención y de nuestro trabajo para evitar la falta de cosecha y la hambruna. Equilibrio tanto en el interior del suelo como en el exterior.
El tipo de laboreo contribuye fundamentalmente a su fertilidad. Ya sabéis: labores invertidas de menos a más profundidad, proyectadas en el tiempo, sin romper su estratificación, con aperos que no volteen la tierra para evitar que los gases atmosféricos maten la vida microbiana y animales de superficie y que la M.O. no se mineralice y se pierda por lixiviación. También la norma es: cuanto menos laboreo, mejor para el suelo. Pero tenemos que conseguir y mantener  una estructura que posibilite la vida de las plantas cultivadas. Y la mejor estructura se consigue con la unión de las arcillas y los humus, a través de elementos minerales altamente ionizados como el calcio, el hierro, el magnesio y el aluminio. Y ahí es donde “el abonado”, o sea, la M.O. adquiere toda su dimensión.

Principales sistemas de abonado.
La M. O. contribuye necesariamente a consolidar el “Complejo del Suelo” y a dar alimento a los microorganismos que viven en él.  Materia orgánica natural, de cualquier clase de elementos biodegradables que la Naturaleza nos ofrezca. Debemos distinguir, pues, elementos vivos y elementos muertos que podemos utilizar para conseguir la fertilidad del suelo.
1. Las plantas vivas son el comienzo de “la vida del suelo”, un elemento vivo que ofrece equilibrio bioquímico al sustrato edáfico. Sus exudados radiculares permiten el comienzo de la vida microbiana y de su equilibrio interior. Y la biodiversidad y variedad de esas plantas vivas, su camino a seguir. En las moléculas de M. O. se acumulan por ionización elementos minerales esenciales para las plantas que esos microorganismos que viven en simbiosis con ellas, las micorrizas, pueden solubilizar para el alimento del vegetal. Es a través del proceso microbiano, que la planta puede absorber la mayoría de los elementos minerales que necesita, además de beneficiarse de los antibióticos, vitaminas,  encimas y hormonas del crecimiento que las micorrizas y bacterias simbióticas elaboran para la salud de la planta.                                                                                                                                                     La Pradera natural es la expresión vital de la Tierra, compuesta de adventicias que coloniza el suelo y le protege de la intemperie y de su erosión. Con ella se consigue el máximo equilibrio posible, la máxima fertilidad en su dinámica salvaje. Junto con los arbustos y los árboles constituye un ecosistema integrado, donde además viven lombrices y nematodos, moluscos (caracoles y babosas), artrópodos (arácnidos, miriápodos, insectos, etc.) y mamíferos, roedores e insectívoros que conducen a un equilibrio exterior, en la superficie del suelo.
Luego están los “Abonos verdes” que tratan de imitar pobremente a la Pradera con un número escaso de especies y variedades de plantas que tratan de restablecer o ayudar al desequilibrio del suelo. No hay que desdeñarlos, pues ayudan en buena manera a restablecer la falta de M.O. en el suelo y a recuperar eficazmente una Pradera natural ayudando en el inicio de una tierra inculta. También contribuyen a ofrecer directamente, en caso de necesidad, algunos elementos importantes y vitales como el Nitrógeno o la Celulosa, tan esenciales para el suelo. Ya sabéis la mejor composición del Abono verde:  30% de leguminosas; 50% de gramíneas y 20% de otras especies que aportan mucha clorofila, mucha materia verde y muchos “azúcares” para los microorganismos y las plantas.                                                                                                                                                       Tanto las Praderas como los Abonos verdes contribuyen además a proteger el suelo de la intemperie y a mantener su estructura y su humedad el mayor tiempo posible. Son los mejores sistemas para conseguir  o recuperar la fertilidad natural de una tierra degradada y erosionada, de una tierra inculta.

Las tierras dejadas “en barbecho” , es decir, abandonadas a su suerte o ayudadas con “abonos verdes”, recuperan pronto su fertilidad natural, salvo que la cantidad de “sales” acumuladas y no degradadas imposibiliten todo renacer de vida. En ese caso el suelo está moribundo o muerto de su propia fertilidad y solo los abonos de síntesis pueden ponerla a producir, aunque solo sea por un corto período de tiempo, hasta que las “sales” acumuladas en demasía imposibiliten la vida microbiana y como consecuencia la vida del reino vegetal. También la vida del reino animal y con él, nuestra propia existencia. Y de seguir así, las consecuencias de nuestro orgulloso e injustificado proceder no están muy lejos.

Siembra sin laboreo de una mezcla de semillas adaptadas al suelo y al clima. 8 variedades entre leguminosas, gramíneas y crucíferas.

Las semillas se mezclan, se prehumifican durante dos días antes de la siembra y se escurren unas horas antes de la siembra a voleo.

2Los elementos “muertos” son la ayuda complementaria que la Naturaleza ha dispuesto para reciclar la M.O. en favor del ecosistema y del suelo. Dichos elementos no están tan muertos, si no cambiantes, transformados en otra materia que atrae a microorganismos específicos que se encargan de fermentar y transformar la M. O. y solubilizar los elementos minerales que la componen en favor de la fecundidad de las plantas. Con estos procesos naturales, se cierra el proceso de la auto-sostenibilidad, de la auto-fertilidad y fecundidad del Suelo.
Dependiendo de su procedencia, tanto del mundo mineral como del orgánico, así aparecen poblaciones microbianas especializadas en dicha tarea, unas veces para transformar el mineral en otro elemento compuesto, otras veces para transformar  lo orgánico y unirlo al “Complejo húmico –arcilloso” de la buena tierra de labor. A veces es “Humus estable” HE a través de celulosa y lignina que estructura los suelos calizos y arcillosos, a veces es “humus fácilmente degradable” HFD  por su composición verde y clorofílica que ayuda a solubilizar los elementos minerales que contiene en beneficio de la planta que está en cultivo en ese momento y en beneficio de la propia vida microbiana Imitando a la Naturaleza, dichos elementos “muertos” son utilizados como cobertura o acolchados para el suelo, encima de su superficie, sin enterrarlos, para que sean pre-humificados antes de ser incorporados al perfil edáfico y formen “el Complejo”, una tierra bien estructurada y fértil.

                                                                                                                                                   Del mismo modo que lo hace la Naturaleza, tratándola sin orgullo y con humildad. Ella es la que nos está “enseñando”, nosotros somos sus alumnos ignorantes.
Elementos diversos y biodegradables cuya materia se transforme, no se destruya, en beneficio del suelo. El mejor ejemplo de ello es el Compost o sistema digestivo natural que en su transformación origina finalmente el “mantillo” cuando ha sido procesado muchas veces en el tiempo. Necesita de M.O. lo más variada posible, humedad permanente sin escorrentías y calor para su fermentación.
Pero el compost más beneficioso para la tierra no es el Mantillo, si no, los llamados “Productos transitorios” cuando son extendidos sobre el suelo en proceso avanzado de fermentación, ya que sus beneficios son mayores debido a que la transformación en humus es realizada por la propia vida microbiana del suelo y los macro-organismos de superficie (insectos, artrópodos, miriápodos, etc.) adaptando, poco a poco, sus procesos a su dinámica salvaje, sin mermar la capacidad y las actitudes del propio ecosistema del suelo en cada momento del proceso.                                                                       Respecto a la correcta elaboración del compost os puedo recordar la necesaria proporción entre Carbono (toda la M.O. que utilizamos para su elaboración) y el Nitrógeno (en forma de estiércoles y purines de orina) que debe rondar aproximadamente entre 80% de M.O. y 20% de estiércol  u otro compuesto muy nitrogenado o amoniacal. Si utilizamos en demasía Nitrógeno, el montón, en su etapa termófila, subirá a más de 65º de temperatura y tendremos que bajarla con volteos al aire y con agua para evitar que se queme, se mineralice  y se transforme en potasa. Si ponemos poco Nitrógeno, la fermentación será más lenta para la obtención del producto deseado, pero evitaremos productos finales inhibitorios.                                                                                                 No debéis olvidar las cuatro etapas evolutivas del compost:
1.Fase térmica: pueden ser necesarios varios volteos y varias subidas y bajadas de temperatura para que, a veces, nos encontremos en la segunda fase del proceso. Se puede evitar voltearlo en demasía haciendo orificios o túneles  verticales en la superficie con palos y cañas a modo de chimenea, haciendo airear el interior del montón. Hay que evitar que se cierren.
2.Fase de los hongos y bacterias: su aparición provoca manchas blancas y amarillas que indican su presencia, con el objetivo de transformar la lignina y celulosa a humus más avanzado en su proceso de fermentación.
3.Fase del desarrollo de micro y macro fauna edáfica. Con el objetivo de triturar la M.O. en elementos más pequeños para que poco a poco la M.O. vaya transformándose en un lento pero inexorable proceso digestivo.         Ya en esta etapa podemos ayudarnos con una siembra de lombrices rojas para pre-digerir y volver a pre-digerir  la M. O. del montón de compost. Aunque sin su ayuda,  el Compost irremediablemente entraría en la siguiente etapa de su evolución:
4. Fase de lombrices del compost: los nematodos y las lombrices se encargan de volver a digerir la M.O. ya muy fermentada en el último proceso de convertirlo u transformarlo en humus o Mantillo.


Así es que ya sabéis: debemos imitar lo más posible a la Naturaleza haciendo las adaptaciones necesarias pero causando el mínimo trastorno en la vida del Suelo.

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